Control Remoto
Eptiafio. Cantaba Celia Cruz: “cuando la gente se muere, se dice que era tan buena…”, sería para ella, que la vida era un carnaval. Pero cuando en lugar de cualquier fulano, el difunto es un programa de televisión, ¿podemos decir lo mismo?
Justamente hoy, el programa Así es la Vida, de Teletica, pasa a mejor vida. Lo recordaremos como un talk-show que durante un año se movió entre la entrevista, los testimonios de vida y el debate. En su esencia una buena idea probada con éxito en mucho países.
En lo que respecta a la forma, Así es la Vida se veía bien. Los testimonios breves preproducidos para cada emisión fueron desde el inicio un acierto. Con una iluminación cuidada y buenas tomas ilustrativas, servían para darle fluidez y color al programa. Pero en el set la cosa no salía tan airosa: una escenografía casi monocromática, y exageradamente espaciosa, hacía de los segmentos con panelistas una experiencia poco acogedora. Justo la antítesis de lo que este tipo de espacios pretenden conseguir: la calidez humana de la cotidianeidad.
Programas similares suelen optar por escenografías compuestas por una variedad de texturas y colores siempre cálidos, procurando al máximo la sensación de hogar, invitando a entrar al televidente. Pero en el caso del programa de Teletica, cuando sólo había un invitado, la sensación era la de un estadio vacío: gélido e intimidante.
El rostro del programa: Lizette Castro transmite la imágen de una mujer agradable y carismática, pero no emociona. También en muchos casos se le vió insegura con respecto a ciertos temas.
Se explica con un trabalenguas: en una entrevista, lo usual es que el entrevistado sepa más que el entrevistador, lógico, si consideramos que el invitado es el experto. Pero es el entrevistador quién conoce lo que desea saber. Es decir: cuando el entrevistador está inseguro o domina poco el tema, la plática le pertenece al entrevistado, y eso es pecado mortal.
En el aspecto de fondo, Así es la Vida fue siempre impredecible. Un día nos hablaban del cáncer, luego de reggetón, después se casaba una pareja en el estudio, cantaba el puma y al día siguiente la obesidad era la protagonista. La agenda de temas no se entendió nunca.
Para cerrar este recuerdo póstumo, hay que decir que el programa pretendió ser aleccionador: demasiada moraleja feliz, mucho consejo bonachón, y un optimismo exacerbado y sobre todo irreal. Quizá por eso el dios raiting y los santos anunciantes les mandaron a la calaca, porque así no es la vida.
08 abril 2005
[La columna sobre TV, Control Remoto es publicada por el periódico La Nación todos los viernes en la sección Viva el Tiempo Libre] Todas las columnas antes del 07 de julio 2005, fueron incluidas en el fusildechispas.com en ese mes
