Chingo de adiós
La crónica del concierto de este sábado, que publica SentidoUrbano:
Un sonido deplorable, un sistema de luces apenas cumplidor, y la falta de sorpresas significativas, hicieron que el “último concierto” ofrecido en Costa Rica por el trío chileno La Ley, pueda ser calificado fácilmente como el más olvidable de los que la banda ha presentado aquí.
Era la última cita, La Ley ha anunciado una separación temporal con claro olor a desintegración, y para despedirse se embarcaron en un extenso tour. Su último encuentro con sus seguidores en Costa Rica se realizó la noche de este 27 de agosto, en un Palacio de los Deportes abarrotado, de gente y de expectativa.
El show arrancó con asombrosa puntualidad, justo a las 8pm. Tras unos 10 minutos de proyección de imágenes de la trayectoria de La Ley, las luces se apagaron para detonar una ensordecedora explosión de gritos y aplausos. La energética Ciertos civiles fue la encargada de romper el silencio, y de hacer que se cumplieran los temores de muchos: el sonido era dramáticamente mediocre: fácilmente opacado por la multitud, plagado de molestos ecos y rebotes, y una ecualización cuestionable.
Un Beto Cuevas cargado con su arsenal de carisma se echó el público a la bolsa, una vez más. Pero la propuesta de la banda no fue más allá. Un planteamiento básico y sin mayores pretensiones, bueno como siempre.
Pero lejos en el tiempo queda esa banda que presentó en Planet Mall uno de los mejores espectáculos visuales que se recuerde, cuando vinieron a promocionar su álbum Vértigo. Con un juego de luces de punta y un planteamiento escénico innovador durante todo el concierto, plagado de efectos especiales. O la banda que arruinó el cesped del Parque de la Paz con un show potente y devastador. O La Ley con un absoluto dominio escénico que puso de rodillas el Anfiteatro del Hotel Herradura. Es más… su anterior presentación, en el mismo Palacio de los Deportes para presentar el disco Libertad, resultó considerablemente más llamativa que la de este agosto.
Quizá el punto más alto de la noche, fue la interpretación de una versión dance de Mentira, combinada con sampleos del clásico Blue Monday, de New Order. El remix fue precedido por Girls on Film, original de Durán Durán, en una curiosa versión de los chilenos. Éxitos como Ámate y sálvate, Aquí, Más allá, Día Cero y El Duelo, llevaron al máximo la euforia de un público entregado a los pies de la banda.
Poco antes de las 2 horas, La Ley abandonó el escenario dejando en el aire una sensación de extrañeza. La que se vió, no parece ser la banda que arrastra 16 años de una de las trayectorias más exitosas dentro de la música latinoamericana. Es más una banda cansada y repetida, y que supo tomar la decisión más sensata: será siempre mejor un “aquí corrió”, que “aquí murió”. Justo aquí.
Oídos sordos
De nada han servido años y años de quejas del público por los problemas de sonido del Palacio de los Deportes, pero lo que es peor, es que habiendose encontrado una solución, los promotores sigan utilizando las mismas disposiciones de sonido. Irónicamente, es una banda nacional la que ha logrado el mejor sonido posible en ese recinto: Malpaís, y sí que les quedó bien. Se dispusieron telas sintéticas colgando del techo, que actuaban como rompeondas, evitando los molestos rebotes acústicos del cuadradísimo gimnasio. Pero La Ley se despidió de su público, con sonido de tercera, de principio a fin del recital.
Pueden leer las crónicas de La Nación y Al Día, aunque no parezca, son del mismo concierto. Como podrán ver, las cronistas de los diarios y el Fusil de Chispas vieron cosas evidentemente distintas.


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2 Comentarios
Sergio
Lo del pésimo sonido en el Palacio de los Deportes, es tema comentado hasta la saciedad, en verdad fue deplorable que las primeras 3 canciones de este concierto no se escucharon nada. Las siguientes sonaron con deficiencia, digamos que mejoraron con respecto al preámbulo, sobre todo en la versión exquisita de Mentira, mezclada con Blue Monday e iniciada con Girls on Film. Pero ¡por dios!, ya se encontró la solución a la piedra en el zapato del Palacio: el recurso utilizado por los nacionales de Malpaís (yo estuve ahí y escuché la efectividad que dieron las mantas gigantes) se desestimó, cuando estoy seguro que colocarlo hubiera sido fácil y efectivo. Ahora que viene una banda internacional a cerrar un ciclo, tiene reparos la producción en invertir en detalles tan básicos como estos. Lo mismo pasó con las luces, pues digamos que eran terriblemente básicas, eso, básicas.
Yo en particular vomito con los recursos tontos para interactuar con el público: que la mitad del lugar aplauda, ahora la otra mitad, que primero los de la derecha aplaudiendo, después los de la izquierda, ahora los del centro y de último todos juntos…. ¡que aburrido! Pues resulta que yo creía que iba para un concierto y llego a ver la animación típica de la convivencia religiosa de secundaria. Mal por Beto y Mauricio Clavería (los responsables de hacer semejante papelón, válido, pero aburrido). Estoy seguro que a Cuevas le sobran atributos para llegarle al público, su carisma es innegable y la presencia escénica que trasmite es arrolladora, no sé que pasó para que recurriera a tan desestimable recurso de animación. Me quedo con sus arriesgados movimientos, con las miradas, con los brincos, con extender manos, con moverse mucho en el escenario, con hablarle a la gente tan inteligentemente que le susurre al oído, Beto es eso y más. Nos quedan debiendo los de La Ley y espero que para el primer concierto que den en tres años me resuciten el ánimo, porque que quedé en duelo en este triste hasta pronto.
29 Ago 2005 a las 9:55 am #
diminui
hola, este es un buen blog, pero es bastante jovencito. te pedimos que nos escribas a blogueratura@gmail.com cuando tengas más textos en tu blog para poderlo revisar. gracias por seguir publicando la palabra
30 Ago 2005 a las 11:27 pm #
Su comentario para “Chingo de adiós”: