¿Y el debate?
El sábado pasado Repretel transmitió un maratónico debate en tres partes, entre los 14 aspirantes a la presidencia de la República. El que calificaron como “el primer debate para televisión de las elecciones del 2006″ tuvo aciertos y yerros y deja un sabor agridulce en la boca del votante desorientado. Comencemos por lo bueno, que fue lo menos.
La televisora de La Uruca sorprendió con un set de muy buen ver, dividido en 3 áreas: una para los candidatos en debate, otra para los “moderadores” y una tercera para dos analistas. Hubo además una adecuada iluminación y decoración en colores oscuros que no restaron protagonismo a las figuras de turno.
La propuesta gráfica del Voto 2006 también se siente moderna y proyecta un conveniente dinamismo. Y el uso de múltiples cámaras y del brazo mecánico aportó agilidad a la realización.
Ahora, vamos a lo malo. Primero que todo, una introducción de 20 minutos es un abuso.
Si uno sintoniza un debate es porque quiere ver debatir. Muy interesante el autobombo, la explicación de su moderno software generador de preguntas aleatorias y el mensaje de Roxana Zúñiga (que vimos 3 veces), pero para cuando presentaron los perfiles de los candidatos, ya los televidentes se estaban acomodando en el sillón.
El debate, además, presentó tres grandes desaciertos: la falta de participación activa e incisiva de los moderadores, las preguntas mal planteadas y de poca variedad temática y la carencia casi absoluta de debate como tal.
¿Para qué dos periodistas en cada segmento si sólo estaban ahí para leer preguntas de una laptop? Por su naturaleza un debate debe -y tiene- que ser moderado. Pero moderar no significa comunicarle a un candidato que su tiempo expiró.
El moderador debe asegurarse de que los participantes respondan lo que se les preguntó, debe poder llevarle el pulso a la conversación y conducir a los invitados hacia la mayor claridad posible en sus exposiciones. Las buenas preguntas (que fueron las menos) se diluyeron en charcos de retórica hueca, sin que hubiera nadie capaz de enrrumbar a los debatientes. La re-pregunta, la insistencia y la sagacidad son claves, y faltaron.
Pero el problema venía desde atrás, desde las preguntas mismas. Por hacer una gracia, Repretel hizo un sapo. El software utilizado para elegir las preguntas (previamente formuladas) de forma aleatoria, produjo debates casi monotemáticos. Durante el segundo debate, con los cinco candidatos que encabezan las encuestas, se habló sobre educación durante casi 40 minutos. La verdadera cuestión es: ¿Para qué preguntas al azar, si todos los candidatos debían responder todas las preguntas?
Mención aparte merecen las preguntas en sí, algunas, verdaderas catástrofes. Para muestra una inexplicable: “¿Si tuviera un minuto a solas con Maribel Guardia, qué le diría al oído para que vote por usted?”… interrogante que, en el primero de los debates, produjo un momento televisivo que rozó lo surrealista. Un insulto.
Otra pregunta terrorífica: “¿Cómo manejar la parte moral y ética en el caso de niños con diferentes preferencias sexuales?”… Pensemos que esa pregunta fue un error.
Finalmente, por las preguntas al azar y el formato de bloques, el debate como tal (entendido como “controversia”, “discusión”) no tuvo chance de asomarse. Se extrañaron las preguntas directas de un candidato a otro, o las dirigidas por los moderadores a uno en especial.
Sin pensarlo mucho, hasta ahora me quedo con el primero de los debates: el conducido con acierto y seguridad por Amelia Rueda hace varias semanas y transmitido por canal 13. Jugoso en temas, discusión y planteamiento de preguntas, y sencillísimo en materia audiovisual. Irónicamente, ese debate organizado por Monumental fue pensado para la radio.
Publicado por La Nación, 29 de nov 05



