
Las posiciones de algunos, estas semanas, en contra de la realización en San José del festival Luis Palau, me recordaron la época en que en esta capital se hacían frecuentes redadas, en una cacería de brujas, contra los conciertos de metal y quienes asistían a ellos en la clandestinidad.
La intolerancia solapada que en el fondo tenemos muchos, que nos hace lavantar la voz cuando consideramos pisoteado nuestro derecho, pero que no nos hace temblar los labios para insinuar que otros no deberían tenerlo. La intolerancia de unos para con otros, y de otros para con los demás. Moneda corriente en una sociedad que se deshidrata.
Luis Palau atrajo a decenas de miles al Parque de la Paz este fin semana, cientos de miles que voluntariamente -supongamos- querían estar ahí, cada quien con sus propias motivaciones. Desde el religioso convencido de su fe, hasta el chapulín oportunista, y todas las combinaciones posibles entre estos.
Palau, y sus seguidores tienen el derecho de reunirse. El derecho de juntar a cientos de miles para esparcir su mensaje ultra derechista de sumisión, y de garantía del establishment. Un mensaje de fe, de “buenas noticias”, dice él, pero que huele a politiquería interesada. A mantener el control de lo que sigue bajo control.
El derecho de regar en Costa Rica su mensaje de anacrónica intolerancia, que marca con parábolas la línea entre el ustedes, y el nosotros. Torcida que es la vida.
¿Algo que hacer?, quién sabe, Palau no se va a detener “hasta que todo el mundo escuche la voz de Dios”.
…
“Armar el discurso sobre la moralidad de la familia, la denuncia de los pecados espantosos todos contra el «sexo» mandamiento, obviando otras pautas del Nuevo Testamento como es la tolerancia, el amor al prójimo o la protección ambiental, que también es una forma de predicar el evangelio”
Aquí las interesantísimas apreciaciones de un periodista español sobre el movimiento interesado y politiquero de Luis Palau.
“Luego del atentado a las Torres Gemelas, el Presidente Bush llamó a sólo doce personas -cualquier semejanza con los Apóstoles es mera coincidencia- para escuchar otras voces más allá de las de sus asesores políticos y militares en esos días de confusión y abatimiento. Luis Palau era uno de ellos.
(…) Los métodos utilizados por Palau, son simples: mucha música, mucho show, “buenas ondas”, no sea cosa que se nos vaya a ocurrir pensar, escudriñar buscando las causas de las injusticias.
(…) El mensaje aplanando la participación popular, política y social fue claro en su última visita al país cuando dijo ante la multitud “cuando vengan las elecciones estudien bien a los candidatos, voten y luego dejen todo en manos de Dios”. El famoso no te metas, que nadie se meta, desmovilizar para reinar.
De “Mira quien habla”, en la revista independiente argentina El Tábano.
“It’s fitting that Palau would use fear as a vehicle to amass younger Christians (…) You’re wild, you’re out of control, Jesus knows you by name,” Palau says, sounding about as impassioned and inspired as an auctioneer.
In a surprise guest appearance, Bush’s skyscraper-sized face flashes on the big screen. Over some tug-at-your-heartstrings instrumental music and with the American flag flapping in slow motion behind his enormous head, Bush praises Palau for teaching about faith, family, and values. Since 9/11, Palau has visited the White House seven times.”
En “Luis Palau, George Bush, and the Mall of America”, en CityPages.
“Mientras la iglesia Católica mantiene su credibilidad, líderes de otras iglesias irrumpen con fuerza en el panorama político de muchos países, un fenómeno creciente en las últimas dos décadas.
En Brasil, el número de evangélicos en el parlamento llegó a 60 en las últimas elecciones de 2002. El voto de los electores protestantes fue decisivo para que el ex obrero metalúrgico Luiz Inacio Lula da Silva accediera a la presidencia.”
En un informe de El Tiempo, Bogotá.
Y para quienes se interesen más en el tema, aquí esta la versiones digitales completas de los libros “¿América Latina se vuelve protestante?“, y “Pescadores de hombres o fundadores del imperio” de David Stoll.

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