Buenos días

Si los mejores días de Costa Rica estaban por venir, en estricta teoría podríamos decir que ya estamos en los mejores días de Costa Rica. ¡Hosanna! ¿No se sienten diferentes?
Yo me siento optimista, y sí, me duele un poco decirlo. Pero siento que llegó el tiempo de que pase lo que pase; cualquier cosa. Y van a pasar cosas.
Pero ante todo, los días que llegaron son los de abandonar ese fanatismo repugnante que hace a muchos empuñar el puño y puñetiar el viento sólo porque sí. Puñeta.
Dejemos al presidente hacer. Vamos para alguna parte, y bueno, estamos en manos del capitán y sus más de mil remeros. Son los mejores días, y siempre serán mejores en comparación con los últimos cuatro años en manos de un monigote.
Pero también deberían terminar los días de esa actitud groupie y lamerueda con la que muchos miran al premio nóbel. Esa cara de quien ve al mesías, y pone en sus manos el alma mientras orina los pantalones. No se cual me resulta más odiosa.
Ojo al cristo que estos son los días anunciados. Demasiado buenos, los mejores días.
De las aguas manzas, líbranos señor.



