Serenidad
Por fin hoy te puedo contar esto: fue un día diferente. Llovió desde temprano, pero yo andaba sol guardado. 4 meses escondido tenían que servir de algo. Me bañé con ganas, rato de hacerlo por plana rutina; y me peiné después de 9 años de ser inmune al viento. Manejé contento en medio de las presas infernales de las 7 en punto. Canté en el carro, y volví a cantar en público, frente a un público desconocido que no había escuchado nunca mis mosaicos de merengue de los 70 o mi selección de singles de la Tañón. Todavía me quedan sorpresas.
Han sido semanas feas, no tengo que contarte. Cinco días sobreviviendo y dos más guindando de esa oferta de temporada en la que has insistido: Tené paz. No se qué fue distinto en las últimas horas. Dormí como siempre, pastilla de por medio, pero me desperté respirando, respirando hondo.
Salí a comprar el almuerzo sólo -por decisión propia-, no choqué con nadie, y comí con ganas. Y hasta hoy recibí el mensaje añejo fechado el 1ero de setiembre; tenías razón, como casi siempre: “lo que no mata, engorda”.


