Nadie se muere la víspera

Rotavirus week en FDC.
El cuerpo humano es alucinante. Uno empieza el día con el ímpetu que da el tráfico de la mañana, y 8 horas después todo orgullo cae arrodillado frente a la taza, y uno siente que con lo que devuelve se le van varias horas de vida.
Vomitar es probablemente una de las cosas más molestas que el cuerpo sabe hacer. Un castigo implacable que viene desde adentro y nos jala desde la garganta hasta las tripas.
Mucha gente, dichosa (¿dichosa?) encuentra a su dios también en la enfermedad, y haya una explicación racionalmente aceptable para comprender por qué dioses tan nobles nos mandan ratos tan insufribles. Yo tiendo mucho más a buscar la ciencia, y mi culto se diluye entre tabletas no genéricas, inyecciones, tarjetazos y descanso… Y con el mazo dando, dice el pueblo, que es la voz de Dios.
Pero lo tengo claro: la dimensión de cuán malo, puede ser un mal rato, ni siquiera me cabe en la cabeza. Pasan los antibióticos, uno vuelve al ímpetu diario, y las preguntas se van con Dios.
* Qué fea palabra es “víspera”



