Me cago en el ICE
y no lo dice uno, lo dice todo el mundo. La oscuridad en la que estamos hundidos con la crisis energética que atraviesa Costa Rica, es inaguantable.
No es tiempo de negar que nos lo buscamos, no es justo obviar la responsabilidad que cada uno ha tenido, guindados de una cultura de derroche y abundancia que -ya era hora- se acaba. Esa lección la estamos aprendiendo muchos, así, a punta de sopa de muñeco.
Pero la falta de previsión, la inacción y la absoluta desorganización de parte del ICE, son aterradoras. Armando Mayorga da el tiro de gracia hoy en La Nación. Lo que está pasando se veía venir desde 1999, y ya en 2004 la cosa tenía fecha: verano del 2007.
Pero 3 años no fueron suficientes para esta institución invadida por una metástasis burocrática y de ineficiencia crónica. No fueron suficientes para planificar alternativas, para concientizar a la población, para plantear con eficacia la realidad real del panorama que nos esperaba, para hacer cualquier cosa. Ni siquiera fueron suficientes para armarse un horario decente, y hacerlo cumplir. Desarrollar un plan de comunicación efectivo para mitigar el impacto de los apagones en la población. Nada. En el ICE, 3 años no alcanzan para hacer nada.
La improvisación y la desorganización, la estamos pagando todos los días los costarricenses. Nos cortan la luz, y se burlan de nosotros publicando listas de horarios imprecisos, poco confiables y en muchísimos casos inservibles.
A muchos se les derriten los helados, la carne se daña, los papás no pueden ver los partidos y por primera vez se toman la birra caliente, todo el mundo se brinca los semáforos, sólo que ahora -además- están apagados, las nenas van al cole sin poder secarse el pelo y el sector industrial contabiliza pérdidas por $20 millones hasta hoy. La señal que esta administración, decidida abanderada de la atracción de inversión extranjera, envía al mundo, es nefasta.
¿Y que hacer? ¿Repetimos como loras la hablada hueca y sin fundamento de que privatizar es resolver? ¿Nos tiramos a la calle? ¿”Apedreamos” las sucursales del ICE con bombillos? ¿Rezamos con baterías?


