Baile de máscaras

Durante toda mi temprana infancia les tuve pavor a los payasos (deben tener mil nombres distintos a lo largo de América Latina). Estos entes de alambre forrados en papel con yuca me traumaban. Mi mamá lo sabía, y me exponía al pánico sin reparo.
Este fin de semana coincidí con ellos aquí, en el lugar donde nací y crecí. Las mascaradas son por mucho una de las manifestaciones más vistosas de nuestra cultura popular. Una tradición 100% costarricense, sin duda: batamanes, barts, kikos, seguas, miguelángeles y rafaelángeles, calaveras, demonios, jorobados, flashes, supermanes, tetonas y otros íncubos importados revueltos en un akelarre de color.
Aquí desfilan más de 40 máscaras, en una actividad organizada por la Comisión de Rescate de Valores. La mascarada en su escencia. Hombres escondiendo la cara. En una mano la birra, en la otra el chilillo. En el fondo son buenos, por fuera: lobos, seguas, calaveras, tetonas… Las chiquillas pretendiendo recato en una orillita en la acera. Chilillazo limpio, latiga el aire con golpes secos, las nalgas se sacuden. “Le dije que no me pegue carepicha”, dice la muchacha, las más modosa. Carcajadas, se ríen entre ellas. Así jugamos, en honor al patrono. Valores como los tuyos, y ya no dan tanto miedo.
Todo para decir que intenté un ensayo en fotos, que se puede ver en mi incipiente galería de flickr. Espero subir más en los próximos días.



