
Oí decir a alguien que somos una puta macropolítica. Que “cómo le podemos hacer eso a los Taiwaneses que han sido tan nobles”, que nos regalaron cheques para hacer puentes.
Dos formas de ver un mismo plato: Pensar que rompimos con Taiwán, o que nos casamos con China Continental. Lo cierto es que la decisión de nuestro gobierno me parece la más estratégica.
Nunca he creído que regalar plata sea el camino para ayudar, mucho menos para crecer. ¿De que me sirve que me regalen un dólar, si mañana no sabré como ganarme otro? El comercio y las puertas que se abren con la voraz economía China, se me hacen mucho más beneficiosas potencialmente, que el costo afectivo que parece tener el a otra cosa mariposa, en este momento específico.
Pero siempre extraña el guiño de Óscar a un régimen no democrático, que ha violado sistemáticamente los derechos humanos durante décadas (y que lo sigue haciendo, digan lo que digan), que cercena la libertad de expresión más elemental y cierra bocas disidentes hoy sí y mañana también, y que impulsa un crecimiento desmedido con un costo social épico. Extraña porque es el mismo presidente que se ha comprado pleitos gratuitos con Fidel y con Hugo y que ha sido beligerante en sus posiciones con respecto a los derechos humanos en los regimenes de ambos personajes.
El presidente dice que lo que nos daba Taiwán no era suficiente. Rompimos tras 63 años de feliz concubinato, y nos dejamos el carro, la casa y hasta los chiquillos. ¿Y los derechos humanos? Peanuts.
¿Quién fue el que dijo lo de las putas?
