¿Vamos a meter las patas?
Estoy exhausto. ¿Se preocupa uno por el futuro más de la cuenta? ¿Por el país más de la cuenta?
A estas alturas estoy enfermo de que me digan “no tenga miedo”, de ver stickers que desde la ventana de atrás van dejando un grito de “no al miedo”… lo cierto es que el miedo es inevitable. Mi incertidumbre, mis dudas, se han disparado.
Campaña de miedo o no, veo hechos. Las noticias de los últimos días son hechos, son posiciones concretas y oficiales de gobierno. Nos caiga bien o mal Bush, seamos antiyankees o enajenados del american lifestyle, nos dan posiciones. Que no se engañe nadie. Las respuestas de los demócratas, hasta ahora, me parecen ocurrencias, ideas. Nada concreto, muchas esperanzas. Poco, para nuestros efectos inmediatos.
Me agobia la ceguera de quienes sueñan con ese país idílico, que este domingo le dirá NO al gigante y será glorioso por ello. Temo por el precio de esa gloria. Miles de costarricenses hoy temen por el precio de sostener ese orgullo ridículo y esa ínfula ilusa.
Aquí hablamos del trabajo de mucha gente. De atuneras que ya tienen todo empacado. De distribuidores de carros que ven aumentar los pedidos congelados hasta nuevo aviso: hasta el lunes, depende de lo que pase. De textileras que ven llegar mañana, el final que igual esperaban para pasado mañana. De salidas cerradas: un tratado que no hay con quien renegociar (Republicanos que ya dijeron no, y Demócratas proteccionistas, que lo dirán) y una ICC colgando de una seda.
Es difícil sostenerse en lo que uno cree, cuando la agitación es tanta. Cuesta. Pero a pesar de la determinación de permanecer firmes en nuestras convicciones , no podemos ser tan obstinados de negar los hechos, ignorar el panorama real, vivir de sueños que sueños son.
12 puntos de ventaja del NO, decía la última encuesta. La pregunta no se me sale de la cabeza: ¿Vamos a ser testigos y protagonistas, dentro de 24 horas, de un error histórico?
¿Cómo la ven?




