Grande: Éditus 360

Me asusté al principio. No quería llegar al Variedades a encontrarme una vigésimo novena versión de lo que hemos visto 28 veces antes: un proyecto acústico que descubre la “novedad” del secuenciador en 2007, y apuesta por la fusión como quien descubre el agua tibia. A estas alturas, lograr sorprender con violín, guitarra, percusión, bajo y secuencias, se me hace por lo menos muy complicado. La ciencia está en sonar bien, primero, y sonar con clase, segundo. De malas reversiones podríamos armarnos un buen catálogo. Que lo digan los que aún hoy, siguen tratando de inventar el eletrotango así tal cual.
Pero Éditus la hizo bonita. No fue esta una sesión más de chill out para sección de verdulería, o downtempo para prácticas new age. Así sin más, los músicos de Éditus, y Zurdo, presentaron sobre el escenario este fin de semana la que probablemente sea la propuesta local más interesante que se haya oido aquí este año. El sonido más fresco, a pesar de lo viejo de la idea.
Los había escuchado unas semanas atrás, como música de fondo para el openning de Saúl E. Méndez, y el sonido llamó la atención. Sin embargo, esto había que oirlo así, con la vista encerrada y la elegante potencia que logra la gente de Luzart.
Mi sorpresa llegó con la fuerza. No nos dejaron en el beatcito corrongo para mover los hombros. Éditus 360 presentó piezas bien armadas, e intensas, atravesándosele audazmente a cosas que sonaban a acid-jazz, a jungle matizado, breaks y drum&bass adornados con la percusión de Tapao Vargas, y house, ese sobrio house orquestado que de tantas partes de la América Latina parece brotar por estos días.
Algunas de las composiciones y melodías me llevaron al sonido que logra Luciano Supervielle, por mucho uno de los mejores en lo que hace en Suramérica, pero los ticos supieron huir del cliché y consiguieron sonar a algo particular: Éditus reinterpretado, con ese sonido que no se pierde.
Como tal, el espectáculo quedó debiendo mucho. Las pantallas se subutilizaron y nunca vi el show multimedia que le compré al afiche. En la última de las 3 fechas, el domingo, el sonido falló más de 20 veces, sin arriesgar mucho el número. Un lunar gigantezco para una noche que tenía que ser de primera.




