
Hoy iba a escribir “Andrea Morales debe irse“, es lo primero que se piensa. Que la diputa renuncie al PAC no me sorpende, se había tardado. Yo le aposté a ese partido en algún momento, y hoy reniego de haberles concedido mis votos. Yo también me iría. Pero Andrea, como todos los diputados del PAC, puso en papel que en caso de renunciar al partido dejaría su curul para ser reemplazada. Lo firmó. Para quienes creemos en la decencia, especialmente en la función pública, no hay grises en este cuento. Morales debe irse, por la consecuencia, por la honestidad, por el valor de su palabra y su firma. Lo contrario es repugnante.
La actitud de Morales hoy es titubeante, floja. De asumir posiciones valiosas de divergencia con su propio partido, la diputada ha pasado a ser una feliz veleta a merced de los vientos del oficialismo.
Pero en los últimos tres días he pensado en otra cosa. El PAC es no es sólo un partido con problemas, parece ser más un problema en sí mismo, en la forma que está construido. En ese “eso” que lo mantiene unido”. Ya antes he intentado expresar la desazón que me han producido los saltos discursivos en la carrera por la presidencia que ha dado Ottón Solís. Cuánto me enferma el tradicionalismo en que han caído en sus métodos corrientes de oposición añeja. Pero se me ocurre también que en el PAC, la lealtad no está a la orden del día. Lo ocurrido con sus diputados en la anterior administración, y los incidentes que han seguido hasta hoy, así parecen demostrarlo.
El PAC, que nace de los ideales y objetivos de muchos sectores sociales variopintos, no ha conseguido una cohesión de ideales y métodos como la que exhiben los por ellos llamados “partidos tradicionales”. El PAC está en problemas, y probablemente la soberbia de Ottón Solís nunca le permita notarlo. Socará más las fajas, exigirá más contratos, pegará más gritos, usará el látigo con más frecuencia. Pero así no es como un lídea inspira lealtad. Así inspira temor la patanería, y del temor -a diferencia de la leltad legítima, y por fortuna- la gente se libra más fácilmente.
|+| Muy a su estilo, Mandagüevo plantea algunos elementos curiosos.
