
La periodista Vilma Ibarra escribe hoy en La República su columna semanal, que titula “Cacería de brujas”. Se refiere a una supuesta persecución desatada contra quienes han brindado o brindan asesorías al Gobierno, pagadas con fondos del BCIE o de donde vengan. La compara con la matazón de hechiceras ocurrida en Europa durante la Inquisición.
Francamente yo no he percibido la sensación que describe. En los textos que sobre este tema, he dejado en este blog, evité referirme a los casos puntuales de los asesores. Lo he hecho así porque creo que cada caso debe abordarse de forma individual, pues están marcados por peculiaridades y circunstancias específicas. Por eso la comparación del caso de Epsy Campbell, con las asesorías del BCIE, me resulta forzadísima. Tiene razón la periodista, echar a todos los profesionales liberales que han brindado servicios al Gobierno, en un mismo saco, es como cuando echaban a todas las brujas en la misma hoguera.
Eso sí, hay algunos casos especialmente llamativos, y otros que por los temas que tocan o por lo poco se ha sabido, despiertan especial suspicacia. Confieso que el caso de músicos esposos de asesoras, choferes, y “medios de comunicación de la presidencia” me despiertan una tremenda curiosidad.
Quien tiene que dar explicaciones y estrenar su transparencia es quien contrata, el BCIE, la Presidencia de la República. Tengo buenos amigos entre los “asesores” que se han conocido en las últimas semanas. Conozco de primera mano su trayectoria y pondría las manos en el fuego garantizando su rectitud, profesionalismo y honradez. Cualquier profesional puede brindarle un servicio al Gobierno, y debería poder cobrar lo justo sin cuestionarse -en delirio paranoide- de dónde viene la plata. Garantizar que no haya espacio para la duda, el recelo o la suspicacia, es responsabilidad de un estado transparente, que rinde cuentas y sigue los debidos procedimientos.
Justamente el viernes escuché a doña Vilma en su programa en Columbia. Decía cómo le extrañaba la actitud del Ejecutivo, y cómo la Presidencia parecía enredada, cada vez más y más, en un mecate sin fin. Ese el meollo de la cuestión, es ahí donde hay que “separar la paja del grano”.
Doña Vilma parece concordar con el Presidente, en que discutir este tema es perder tiempo. “A lo mejor tendremos que sufrir una crisis económica mucho mayor (…) para que finalmente nos ocupemos de lo que nos está dañando tanto, en lugar de estar concentrados en la última actualización de la lista de herejes”, escribió en La República.
A mi el argumento me asusta. Primero, porque subestima la capacidad de quienes nos gobiernan y de los costarricenses, de atender más de un asunto al mismo tiempo. Y segundo: ¿Para qué bonanza si está embarrada en dudas y desconfianza? Como si el desarrollo y la prosperidad; y la rectitud, la transparencia y la honradez, fueran antagonismos históricos. Si lo que nos piden es que aceptemos tal cosa, apague y vamonos…
