El “amor al prójimo” de los obispos
En La Nación de este miércoles, José Francisco Ulloa publica, a nombre de la Conferencia Episcopal, un artículo titulado “Sobre unión civil de personas homosexuales“, que no voy a reproducir aquí.
En su lugar les comparto un extracto de una carta que un usuario de 89decibeles.com publicó en el foro de ese sitio. El documento está dirigido a los diputados. No voy a repetir yo lo que ya alguien expuso, y que se ha expuesto hasta la saciedad. El texto puede ser un poco largo, pero pertinente…
En las últimas semanas he visto en los medios de comunicación nacionales diversas opiniones en contra al proyecto de ley que pretende legalizar las uniones de parejas del mismo sexo. No he visto ni un solo argumento que me haga pensar que este proyecto traerá consecuencias negativas a la sociedad costarricense.
Las razones que utilizan quienes se oponen a este proyecto son básicamente de naturaleza religiosa, haciendo en muchos casos referencia a la llamada “ley moral natural” dictada, según ellos por Dios. Uds. como personas cultas que son, deben reconocer que la moral de las sociedades ha cambiado a lo largo de la historia. Quienes utilizan el argumento de que la homosexualidad va contra esa supuesta ley, parecen ignorar este hecho. Parecen no recordar, que en épocas pasadas, la ley moral del momento dictada supuestamente por Dios, avalaba acciones que hoy nos parecen aberrantes, como lo son la esclavitud, el machismo, el asesinato de los “infieles”, cruzadas, muerte en las hogueras, el racismo y la xenofobia. ¿Cuantas atrocidades no se cometieron y cuanta sangre inocente no fue derramada en el pasado, en nombre de una “ley moral natural” de inspiración divina? ¿Cuántos años se retrasó el conocimiento, por culpa de pretender mantener como inmutables dogmas religiosos en una sociedad dinámica y cambiante?
Les recuerdo que Uds. son representantes de todo el pueblo de Costa Rica. Ese pueblo está compuesto por gente de diversas creencias, géneros, razas y si, también preferencias sexuales. Como representantes de un pueblo no deben dejar que sus creencias religiosas personales, cuales quiera que sean, se interpongan a la hora de cumplir con su deber de analizar objetivamente un proyecto de ley, que como en este caso, otorgaría derechos hoy inexistentes a un grupo de la sociedad que por largo tiempo ha sufrido el rechazo, la discriminación y los prejuicios.
Todos tenemos derecho a tener la creencia religiosa que sea de nuestra preferencia, pero no debemos intentar imponer nuestra visión a los demás. La iniciativa no pretende obligar a ningún credo religioso a celebrar matrimonios homosexuales, cada iglesia puede conservar el monopolio de sus creencias dentro de los límites de la misma, pero en el aspecto civil, el Estado debe ser neutral, la separación de iglesia y Estado debe ser contundente.
El texto sigue, exponiendo puntos de vista más que sensatos, sobre algunos de los mitos y argumentos ridículos que se han usado y se usan para contrariar iniciativas tendientes a equiparar ante la ley, los derechos de minorías -como los homosexuales- históricamente marginadas.
A mi me cansa terriblemente discutir contra cabezas cerradas herméticamente desde hace 2008 años, y que aún hoy recurren a los más elevados preceptos divinos para referirse a asuntos meramente civiles y jurídicos que nada tienen que ver con la fe.
Tengo la convicción de que los legisladores costarricenses sacarán adelante el proyecto de unión civil, y harán de Costa Rica (como dijo el presidente Zapatero en el caso de España) un país más decente.




