¡A los cines! Llegó El Camino

Desde hoy están en los cines de Costa Rica, El Camino, la multipremiada película de la cineasta Ishtar Yasin, una obra maestra del cine de autor, que nadie, nadie, debería perderse.
El Camino es arte puro, un guión sólido, lejos de los cuentos de hadas y los clichés fabulescos. Una obra realizada con una sensibilidad exquisita que la pone a la altura del cine independiente de donde quieran.
Lenta, pausada, con un ritmo quieto, con tiempo para la atención al detalle. Repleta de símbolos y metáforas visuales que alimentan una larga y necesaria conversación posterior. Eso es El Camino, cine que se queda.
Mi primera impresión fue de una profunda inquietud. La directora logra transmitir el dramatismo y naturaleza de los ambientes mostrados con un realismo pasmoso. El tratamiento del color, que llega a ser casi monocromático por momentos, se suma para construir una atmósfera desoladora, interrumpida por la asombrosa expresividad en el rostro de sus dos protagonistas, dos niños con un talento natural, brillantemente aprovechado.
Luego pude disfrutar más de las claves (que las hay, muchas), del estupendo trabajo de grabación de audio (los sonidos de la naturaleza, del amanecer, del viento, de la selva, del silencio, son dignos de un aplauso cerrado), y de la historia, que se cuenta con poquísimas palabras.
Hay muchos fantasmas de posibles clichés, que pueden rondar a una obra como esta, cuando nos hablan de dos niños nicaragüenses migrando ilegalmente hacia Costa Rica en busca de su madre. Todos se evaporan y el arte se impone. Documental cuando hace falta, la película cumple sus objetivos: expone una realidad tristísima y cuenta una simple gran historia, y de qué manera.
Soy escéptico al pensar en una acogida masiva por parte del público costarricense. Quiero estar muy equivocado.
¿La mejor película que se ha hecho en Costa Rica? Muy posiblemente. ¿Un parteaguas en la historia de la cinematografía de la región? Si, muy posiblemente.



