¿Juegos sucios?

El sábado en un bar, con amigos, sucumbimos víctimas de un ataque de humor negro. Intentamos imaginar las medidas represivas e intimidatorias de las que habrá echado mano el régimen de Pekín para garantizar el éxito de su olimpiada/showcase 2008. Pensamos en los participantes en las ceremonias, en los voluntarios (¿Qué tan “voluntario” se podrá ser en China?). En fin, el aura de polémica y protesta que ha rodeado a los Juegos Olímpicos, da para horas de especulación.
El tema se me quedó dando vueltas en la cabeza, y ayer me topé con el título de un post de Ignacio Escolar: “Nada como las dictaduras para las superproducciones”.
Parece haber dos posiciones. La de quienes no toleran que el mundo celebre las máximas justas deportivas ignorando la sistemática violación de los derechos humanos por parte de China. Y la de quienes, por ignorancia o por decisión, se hacen de la vista gorda y abogan por no empapar de política una fiesta deportiva. Yo no sé si me siento cómodo en alguna de la dos. ¿Puede uno realmente tirar las campanas al viento y gozar del espectáculo, sin por lo menos pensar en lo que se esconde detrás del telón? (Y no hablo sólo de la chinita fea que cantó escondida).
Por otro lado no puedo evitar preguntarme si no hay mucho de un raro esnobismo altruista en la mayoría de quienes sostienen esa posición casi extrema del boicot y la condena. ¿Nos alineamos rápido y ligero (nunca mejor dicho) con este tipo de causa, sólo porque sí?
Como intenté exponer en otro post: ¿Cuáles son las opciones, para tener una fiesta como las olimpiadas, libres de cuestionamiento o reservas? ¿Cuántos se habían preocupado, a la distancia, por la represión en el Tíbet y las horripilantes realidades que viven millones de chinos, permanentemente vigilados por el ojo avisor de sus líderes comunistas? ¿Cuántos lo entendemos realmente, como para emitir un juicio de peso? (Y digo entendemos, porque entre más leo sobre lo que pasa en China, más descubro que no sé nada).
¿Cuanto de pose hay en la mayoría de esos discursos? Y podríamos explorar más allá: ¿Cuántos conocíamos sobre lo que estaba pasando en Osetia del Sur, antes de que Putín el malo decidiera invadir Georgia? ¿Cuántos entendemos sobre Darfur y el resto de Sudán, Irán, Nigeria, Armenia, Corea del Norte, Guantánamo, Haití? No vayamos tan lejos: ¿Cuántos habremos seguido con alguna atención -al menos curiosa- la delicada situación en la que Ortega el breve tiene a Nicaragua?
Y pegamos brincos contra China.
Cosas que uno piensa.





