Dos de cada tres veces lo que hay que hacer es irse

Anoche sentí que entraba alguien a la casa. Temprano. Que se sentaba a convencerme de cualquier cosa, y que yo accedía sin que –en la imagen- mediara la violencia. Que me decía palabras grandes que sonaban sensatas. Que trataba de hacerme creer que todo aquello salía de su cabeza, no de la mía, y viceversa. Que me abrazaba despacio y aquello parecía sincero. Que eras vos. Que estabas de vuelta. Pero no pasaba nada.
|+| La imagen: Breakfast with an angel (detalle), de fallin_ruin, de su trabajo quiero hablar más uno de estos días.



