No lo digo yo. La afirmación se desprende de los datos de la Asociación Demográfica Costarricense que le han parado el pelo a la Costa Rica agazapada, y que nos permite dejar de tapar el sol con un dedo. El aborto, hace años dejó de ser un tabú que se puede esconder debajo de una sotana.
Los datos del reciente estudio, sin duda son alarmantes, pero no porque echemos mano de dogmas ancestrales, sino por la pregunta: ¿Cómo llegamos a este punto?
27mil mujeres por año arriesgan su vida en la clandestinidad, en un país en el que el aborto es un delito que se asume sin contemplaciones. En Costa Rica una mujer víctima de violación o incesto, no tiene derecho a decidir con autonomía sobre su propio cuerpo y condición, e interrumpir su embarazo. Incluso en casos en los que se sabe que el feto presenta malformaciones o condiciones médicas que harán imposible su vida fuera del vientre, la ley, el estado, obliga a la mujeres a someterse a una tortura de 9 meses, ajena a toda lógica.
Este tema debe asumirse de frente y con los puntos sobre las íes. No basta un plato de babas servido en el noticiario del medio día, con miedo a llamar las cosas por su nombre y encarando el tema a partir de prejuicios obsoletos o preceptos religiosos.
Ya es hora de que en Costa Rica se ponga en agenda la urgente necesidad de despojar a la Iglesia Católica de su histórico protagonismo en decisiones y discusiones que deberían basarse en criterios científicos, éticos y jurídicos, y nunca en preceptos antiquísimos o profecías infernales.
La Iglesia Católica es responsable directa por buena parte del atraso que este país arrastra en materia de educación sexual y prevención de los embarazos no deseados. Sus políticias obsoletas -a todas luces fracasadas-, el lamentable oscurantismo con el que los líderes católicos han abordado estos temas, y la alarmante influencia que la iglesia ha ejercido sobre decisiones de gobierno, nos han orillado hasta este clima de clandestinidad. Una espiral de silencio en la que, en muchos casos, las víctimas terminan siendo las mujeres obligadas, por la ley y por el cielo, a continuar con sus embarazos. A no tener opción.
Costa Rica es el único país de América Latina que tiene una “religión oficial”, y el gobierno le hace caso. Una vergüenza. Fue así como llegamos a este punto.
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/ Colectiva por el derecho a decidir