Gobierno de la “transparencia” chapotea en secretos

No paran. ¿Se acuerda de don Rodrigo con el telele de que el de Oscar Arias es un gobierno transparente y que rinde cuentas? ¿Se acuerda cómo y cuánto bramó contra los periodistas que lo cuestionaron? Eso empezó en junio. Pues desde enero de este año, la Presidencia y el Ministerio de Hacienda mantuvieron bajo férreo secreto los detalles de un préstamo por $300 millones que el gobierno Chino hizo bajo la modalidad de compra de bonos ticos. Pese a la insistente petición de medios de prensa, Arias y el ministro de Hacienda, Guillermo Zúñiga, se sostuvieron en su posición de que la información, relacionada con fondos públicos, era “un secreto bursátil”. Un secreto de esos mismos que al presidente, antes -eso sí- le parecían “una forma de corrupción”.
En febrero, La Nación acudió a la Sala IV mediante un amparo, para que los funcionarios dieran a conocer los detalles. No se ha producido un fallo.
Sorpresa. Ayer finalmente se conoció, que la mitad ya pagada del préstamo la custodia el banco costarricense BCT “del cual es directivo y accionista el embajador tico en Pekín, Antonio Burgués Terán”, según informó La Nación. Tarán.
Ni lerdos ni perezosos, los diputados de oposición pidieron la inmediata renuncia del diplomático, argumentando un claro conflicto de intereses. Burgués dice desde Pekín, que él está detrás del palo.
¿Quién es Burgués? Exministro de Economía, expresidente de la Cámara de Exportadores de Costa Rica y directivo del BCT, sin experiencia diplomática…. Y se desempeñó como tesorero del PLN y de la campaña política de Oscar Arias.
Caja de Pandora. La revelación de malabares en los manejos financieros de donaciones extranjeras parece ser ya pan de todos los días. El gobierno de los Arias tiene meses dando tumbos entre secretos torpes, un hermetismo siempre sospechoso y decisiones cuestionables. No contentos con el festín de asesorías satelitales cortesía del BCIE, y el vistoso detour en la millonada procedente de la examiga Taiwán, ahora nos sorprenden con este particular modo de canalizar olímpicamente los fondos procedentes de la flamante China.
El rumbo de este barco parece ser el del sinsentido, pero que nadie se dé cuenta.



