La presión espantó a Sosto
El magistrado suplente de la Sala Constitucional, Federico Sosto, dejó su cargo tras casi 3 meses de un estira y encoge en el Poder Judicial, que comenzó tras conocerse que el magistrado se desempeñó como asesor ad-honorem en Casa Presidencial, en varias ocasiones.
En su carta de renuncia Sosto indicó que deja el cargo porque “a pesar de las explicaciones que ha dado sobre la consultoría que le brindó a la Casa Presidencial, el asunto sigue siendo aprovechado por varios grupos de oposición”.
Diversos sectores cuestionaron la actuación del magistrado, como una práctica que pone en delicado entredicho la división de los poderes de la República. Como asesor, Sosto aconsejó al Ejecutivo en temas que también fueron competencia de la Sala IV. Varios diputados exigieron su renuncia, se le investigó en la Comisión Legislativa que analiza el caso de las donaciones del BCIE (a la que incluso dejó plantada en una ocasión), y la Asociación Costarricense de la Judicatura (que representa a los jueces) pidió la investigación del caso por parte de la Corte Plena. Los magistrados lo desestimaron y el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Luis Paulino Mora, dijo entonces: “Yo no soy un juez ético, sino de legalidad”. Sosto también sostuvo siempre que con sus prácticas no incurrió en ninguna ilegalidad, y se valió de tecnicismos para tratar de disipar la clara inconveniencia de su doble función. “Sosto estaba contribuyendo con la falta de credibilidad en el Poder Judicial, aferrándose al cargo que había usado mal”, dijo el diputado Alberto Salom.
Sin duda la salida del magistrado Sosto es “una victoria del régimen de opinión pública”, como la calificó el periodista Eduardo Ulibarri esta mañana en Columbia. Hasta parece que en el país sí existen sufiencientes ciudadanos -y medios de comunicación- comprometidos con la defensa de la ética en la función pública, tanto como de la ley. En hora buena.


