Los emisarios del bien común

La Conferencia Episcopal de Costa Rica (los Obispos de la Iglesia Católica) está bajo investigación por el presunto delito de intermediación financiera ilegal, “y por supuesta estafa en la Fundación para la Restauración de la Catedral Metropolitana y otros Templos Católicos”. Dicho de otro modo: chorizo.
Rápido y patrocinado. En 1998, un día después de que el PANI lo denunciara por presunta violación contra un niño de 11 años, el sacerdote Enrique Vásquez abandonó el país. Luego se planteó otra denuncia en su contra “por tres violaciones agravadas”, por parte de un joven de Orotina, que al momento de los incidentes tenía 12 años de edad y era monaguillo de Vásquez.
El cura fue detenido por Interpol en Honduras el año pasado. En 2004, Monseñor Ángel San Casimiro admitió haber financiado al cura prófugo. En cristiano: le ayudó a cantar viajera, le dió los pases, le cubrió la espalda. Más áun, San Casimiro dijo que conocía el paradero de Vásquez mientras aquel era buscado por la justicia, y que le pagó su estancia en Guadalajara. “Yo fui formado para ser pastor no para ser un investigador privado”, dijo entonces -con cinismo- San Casimiro, actualmente investigado por la denuncia de la Sugef en el caso de las intermediaciones financieras.
El cura Enrique Vásquez está preso.
“Se cuidan secretos”. En junio de 2001, harto, Monseñor Román Arrieta habló más de la cuenta en una edición de Telenoticias. Esa noche, el obispo aceptó que conocía de las irregularidades que se cometían a lo interno de Radio María. El espectáculo de dimes y diretes entre Minor Calvo y Román Arrieta, se producía menos de un mes antes de que Parmenio Medina fuera asesinado de 3 disparos. La semana del asesinato, el Semanario Universidad publicó una entrevista con Medina, en la que el periodista aseguró: “Arrieta tiene la responsabilidad de llamarlo al orden, pero quizá no actúa porque entre ambos se cuidan secretos”.
“Yo lo he estado protegiendo y cubriendo, usted sabe lo que estoy diciendo”, le dijo Arrieta a Calvo, aquella noche por canal 7.
El cura Minor Calvo está preso.
Amigo de los niños. En abril de 2005 un tribunal de Alajuela condenó al sacerdote Enrique Delgado a 21 años de prisión por 6 delitos de abusos sexuales contra 3 menores de edad. El cura, célebre por la Hora Santa que oficiaba para la televisión, “les dio regalos a algunos menores, en especial, dinero en efectivo (…) para comprar zapatos de fútbol, una motocicleta y un automóvil”.
En aquel momento, los periódicos recogieron las palabras de los jueces que manifestaron que “jefaturas de alto rango de la Iglesia Católica se prestaron para enturbiar este proceso”. Aún más, en el por tanto, quedaron abiertas varias preguntas, tras las insinuaciones de que altos jerarcas de la Iglesia conocían de la situación. “Algo tuvo que haber visto el señor obispo”, dijo el juez que presidió la sentencia.
El cura Enrique Delgado está preso.
De todo me acordé este viernes, leyendo las declaraciones del Arzobispo de San José, Hugo Barrantes, frente a la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa, que estudia el proyecto de ley de Unión Civil entre personas del mismo sexo. El obispo, y la institución que a la que representa, nos traza el camino de “el bien común”, hoy, como era en un principio, ahora, y siempre.


