
Brincando en una pata debe estar Guido Sáenz y sus amigos. El que fuera Ministro de (in)Cultura, insolente, vulgar y bochinchero, ahora encabezó una iniciativa cívica destinada a privar a los costarricenses del nuevo estadio nacional de $70millones, que con tanto desapego y tan loable desinterés, nos regaló el siempre noble gobierno chino.
Para echar a andar su plan, se valieron de lo obvio: el salacuartazo. Los argumentos: puras pamplinas. No cuestionan la situación de los obreros Chinos que vendrán, ni la supervisión local que vaya a tener el proceso, cosas -sin duda- dignas de atención. En general, la tesis de quienes se oponen a la construcción del estadio, son los mismos argumentos obstinados de los que adversan la inversión en arte, en esparcimiento, y sí, hasta en deporte, porque siempre “hay cosas más importantes o más necesarias”.
Los argumentos sobre el parqueo han sido debatidos con sensatez, y el cuento del caos vial es seguir lloviendo sobre mojado. Ya se ha dicho: un estadio para 40mil personas generará congestión así se construya en Punta Burica. Y no constuir en La Sabana “porque La Sabana es de todos”… ¿Pero no hubo ahí un estadio desde 1924?
Es increíble que un tema aparentemente tan simple, y cuyos beneficios -al menos a mi me pasa- resultan tan obvios, acabe, como todo aquí en el potrero, atollado en majaderías.

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