“Paz con la naturaleza”: Otro cuento chino

Meter el cuento. En julio de 2007, el Gobierno del presidente Arias lanzó “Paz con la naturaleza”, un ambicioso programa, ejecutado por un equipo de 175 profesionales, destinado a hacer de Costa Rica “un líder mundial de la conservación”. La iniciativa se convirtió de inmediato en uno de los trapitos de dominguear del Presidente, y fue celebrada por la prensa. Poco más de un año después, la semana pasada, el mismo presidente firmó un decreto que declaró de “interés público y conveniencia nacional” la tala de 262 hectáreas de bosque en Las Crucitas de Cutris, San Carlos, cerca la frontera con Nicaragua. La tala y el decreto, también dan luz verde a la operación de la “eco-mina” Las Crucitas, que no es más que una mina a cielo abierto para “lavar” (lixiviación) el suelo con cianuro tóxico en busca de oro. Terrorismo ecológico.
Absurdas contradicciones. “…Es una prioridad del Gobierno la defensa de la naturaleza y el ambiente como un eje central de la política costarricense. (…) Es una prioridad de este Gobierno volver a situar a Costa Rica como una potencia moral en el ámbito internacional, capaz de convocar al mundo en pro de las mejores causas como la paz, la educación y los derechos humanos, siendo la paz con la naturaleza una de ellas”, dice el decreto que dio vida a “Paz con la naturaleza”. Continúa, con una de esas ironías que sólo la historia es capaz de armar: “Que se debe guardar coherencia entre las propuestas y la acción política del Gobierno, a nivel nacional e internacional”.
¿Dónde queda la coherencia de un gobierno que promulga y cacarea iniciativas como esta, y con el codo impulsa proyectos tan potencialmente atroces para el ambiente?
Minería = muerte. Las Crucitas no significa nada más la tala de 262 hectáreas de bosque, que incluye, dicho sea de paso, centenares de árboles de Almendro Amarillo. Esta especie está protegida por un fallo de la Sala Constitucional, por ser el ecosistema primordial de la Lapa Verde, en peligro de extinción. La mina, que sería la más grande de Centroamérica según PreservePlanet, es una bomba de tiempo. La historia no es nueva para los costarricenses, que ya vimos los potenciales efectos nocivos de una mina de este tipo en Miramar.
Para darse una idea sobre el impacto de este sistema de extracción de oro utilizando cianuro tóxico, basta repasar algunos datos recopilados por la organización No dirty gold, con el respaldo de Oxfam: el consumo de agua es voraz, se generan desechos tóxicos tanto líquidos como sólidos, se produce contaminación del aire, se generan empleos de alto riesgo y mal remunerados, y existe una amenaza latente de filtración o derrame de aguas contaminadas. En el caso de Las Crucitas, el peligro cobra especial relevancia por cuanto la mina se ubica a escasos 3 kilómetros del Río San Juan.
En cuerda floja. En total oposición respecto a su declaración de intenciones, esta administración está llevando la explotación hambrienta del recurso económico, al límite de la sostenibilidad. El caso de Las Crucitas no es el único, el Gobierno Central ha pecado de omisión en la alarmante situación que se presenta desde hace años en la Península de Osa. Esta mañana, el ministro de Ambiente y Energía se dejó decir que necesita “analizar y conocer más” la situación, antes de emitir una opinión. Como si las informaciones conocidas fueran un chiste.
La tarde de este lunes, la Sala IV acogió para estudio un Amparo en contra de la tala en Las Crucitas, y ordenó detener toda obra mientras se produce un fallo. Una luz de esperanza, que -estoy seguro- se resolverá en favor del ambiente, y en contra del decreto del ejecutivo.
Esta situación es (perdonen el lugar común) problema de todos. Poco bien le hacemos al país pregonando de la boca para afuera un falso compromiso con la Tierra, si no asumimos una actitud crítica y vigilante ante amenazas como esta.
Es tiempo de que en Costa Rica se le llame a las cosas por su nombre. El presidente y sus gobierno deben dar cuentas sobre sus decisiones contradictorias y su incoherencia rampante. O tenemos un lado verde, o tenemos un lado cínico.
|+| En video: un buen trabajo sobre la minería a cielo abierto sus efectos: parte 1, parte 2.






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