
El proceso que terminó con la aprobación de una enmienda contra la unión entre personas del mismo sexo, en el estado de California, es una oscura premonición de lo que podría pasar en Costa Rica: Que el dinero producto del fanatismo religioso, y las falacias, inclinen la balanza a favor de una decisión injusta…
Uno por otro. El mismo día que Barack Obama fue elegido como el presidente 44 de Estados Unidos, más de 11 millones de ciudadanos del estado de California decidieron en las urnas la confirmación de la “Proposición 8”, una enmienda constitucional que establece que el matrimonio es un derecho reservado únicamente para parejas conformadas por hombre y mujer. Mientras el país daba un paso histórico contra la discriminación racial, el estado más rico de la unión retrocedía un escalón en derechos civiles.
Sólo un día después, el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica dio luz verde para la recolección de firmas que permitiría la realización un referendo, para que los costarricenses decidan el futuro del proyecto de ley de Unión Civil entre personas del mismo sexo. El referendo ha sido fuertemente cuestionado por las organizaciones que defienden los derechos de los homosexuales, por considerar que permitirá a la población en general decidir sobre un tema de derechos fundamentales, que afecta directamente sólo a una minoría.
También se ha expuesto lo obvio: el proceso de referendo desatará una guerra de falacias y mensajes discriminatorios que le harán un flaco favor a un país que se jacta de su respeto por los Derechos Humanos.
Vimos el futuro. La experiencia de California también nos permite asomarnos a algo que sin duda se repetirá aquí: la discusión, con miras al voto popular, se alejará del ámbito jurídico, académico y social (adonde pertenece), para devenir en una lucha fundamentada en preceptos religiosos.
El sector que se oponía a la reforma en ese estado, defendiendo la igualdad de derechos, recibió financiamiento de una amplia variedad de organizaciones sociales, de derechos civiles, y de ciudadanos independientes. También recibió el soporte de los periódicos más influyentes (incluyendo el L.A. y el NY Times), de compañías de primer nivel como Apple y Google, y de los artistas. Pero ninguna de las donaciones de $100mil que hizo Brad Pitt, Steven Spielberg, Ellen Degeneres o George Lucas, pudo igualar al soporte que el bando contrario recibió.
Sólo los mormones de todo Estados Unidos, aportaron a la causa anti-derechos (el SI), al menos $17millones. Algunos estiman los ahorros de los mormones en $30mil millones. Organizaciones católicas, judías, evangélicas, etc, y organizaciones ultraderechistas como “Enfoque a la familia”, también convirtieron su fé en millones constantes y sonantes a favor de la discriminación. Se calcula que al menos el 50% de lo recaudado por el SI a la Propuesta 8, provino de organizaciones religiosas.
El martes, el SI ganó por menos de un millón de votos, una diferencia casi ridícula. Si a esa campaña le restáramos los aportes religiosos, no dabe ninguna duda, que el resultado habría sido otro. En California decidieron las Iglesias, no la gente.
Quiera Dios. Ese panorama, no se aleja mucho de lo que ha pasado en Costa Rica hasta ahora. Es de las iglesias y de los partidos religiosos de donde ha surgido la más beligerante oposición al Proyecto de Unión Civil. Los cuestionados Obispos católicos llegaron a cometer la deplorable intromisión de “sugerirle” a los diputados, apegarse a los preceptos de su Iglesia a la hora de definir una posición sobre este tema.
Además de contar con cuentas bancarias infinitas (nadie olvide por favor el festival Luis Palau) para derrochar en campañas, las organizaciones religiosas tienen los púlpitos para adoctrinar y amenazar a sus fieles con los bochornos del infierno, en caso no convertir sus creencias en firmas y votos “para salvar a la familia”.
Los costarricenses no debemos ir a votar a un referendo enturbiado –como de seguro ocurrirá- por la intromisión de los asuntos del cielo, en los temas de la tierra. Es por eso que la consulta popular no es el instrumento ni la instancia adecuada para decidir sobre este tema.
La Ley de Dios se aprobó ya hace miles de años. Que las leyes de los civiles se aprueben en las instituciones democráticas establecidas con ese fin, y tras discusiones serias en las que prive la razón, y no el miedo al diablo. O a los fantasmas.
|+| Mucha más info en Heterosexuales por la igualdad de derechos.

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