Finalmente la noche de este lunes se aprobó en segundo debate la reforma integral a la Ley de Tránsito, que -entre otras cosas- impondrá severísimas multas a quienes incurran en los delitos tipificados.
Aunque las nuevas medidas se concretarán hasta bien entrado el 2009, resulta vital comenzar a comprender cuáles conductas (y cómo) serán fuertemente penalizadas. En el gráfico se resumen algunas de las medidas más significativas. La ley completa se puede leer aquí (.doc).
La mayoría de los argumentos que he leído y escuchado en contra de la ley, tienen que ver con el alto monto de las multas. No podía ser de otra manera, en Costa Rica no estamos acostumbrados a tener leyes que haya que cumplir. Por eso la primera reacción, casi instintiva, es combatir la sanción, asumiendo ad portas que habrá que lidiar con ella. Es decir, los borrachos, picones, y matones del volante lo primero que hacen es sacar cuentas, en lugar de reconsiderar sus conductas potencialmente homicidas.
Quejarse y refunfuñar porque las multas son altas, es aceptar sin vergüenza que queremos seguir repitiendo conductas riesgosas (e ilegales), como hablar por teléfono mientras manejamos, brincarnos los semáforos a discreción, o tomarnos una más.
Las medidas punitivas son indispensables en temas como el tránsito. A la par vendrá la educación, y a los ciudadanos nos corresponderá exigir el mejoramiento sustancial de la red vial (señalización, pintura, semáforos) y vigilar por las características de las nuevas obras. Pero sacar la faja era urgente, no vale la pena seguir repitiendo las cifras que todos conocemos. La matanza en las carreteras tiene en la negligencia su caldo de cultivo.
Para verdades el tiempo, que ya nos dirá que tan efectiva es la nueva ley en lo concreto, en el día a día. De momento, estoy convencido de que el sólo efecto psicológico de su entrada en vigencia, se verá reflejado en las estadísticas.

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