
El “Tope nacional” es una de esas tradiciones, festividades, ocurrencias o acontecimientos, que nunca he terminado de entender. En un mismo día y en el mismo lugar, se revuelven decenas de ideas de lo que debe ser esa jornada hípica en la que cientos de gentes cruzan la capital por su arteria vial, montados en un caballo, yegua, o algún otro cuadrúpedo que se deje.
De todas esas ideas, las que más me intriga, es la de quienes siguen asumiendo el evento como el día en que los resquicios de la oligarquía cafetalera criolla se pavonean en sus corceles frente a los menos afortunados. Una bizarra lucha de clases en la que el punto medio es un mecate sostenido por estañones. Así, para algunas víctimas de toda esa boñiga aspiracional, alquilar un ruco para el tope viene siendo como alquilar un mink para la noche de apertura de temporada en La Scala. Todo el ritual queda registrado por gritonas a caballo y narradores tan charlatanes como grandilocuentes, una suerte de surrealistas cronistas de sociedad para el baile de monturas.
Esa que usté tiene en pantalla es doña Carlota Federspiel, ella es la hija menor de don Quincho Federspiel, y viene en su caballo Emperador, que en este momento se está cagando en la ciudad de San José. Ayyy… y viene acompañada de Felillo, uno de los solteros más codiciados de Costa Rica: Rafael Jiménez, que es hijo de Don Ronulfo Jiménez de la hacienda La Manuda, y gran amigo de la familia de canal 77, él viene en su yegua de paso, Tricopilia. Un gran abrazo para ellos y toda la gente linda de Turrialba.
No se confunda nadie: no hay una reprimida conciencia de clase en ese post, en contra de los ricos, hacendados, pudientes y acaudalados. Solo de los sonchos.
Y también está la otra gente: los que van por el chingue; los caballistas de corazón que aprovechan la fecha para exhibir la que es su legítima pasión, y los amantes de lo ecuestre que esperan todo el año para ir al tope a deleitarse. Pero todo eso es bastante más aburrido. Ahí viene Amanda…
