Juan Luis Guerra salvó la noche de una producción de cuarta

Juan Luis Guerra y su impresionante orquesta, pusieron a bailar a unas 10mil personas este lunes en su concierto en Costa Rica, y salvaron una noche que olía a potrero. Marvin Córdoba ofreció una producción tan enorme como llena de calamidades…
La música. La presentación del músico dominicano en el barreal “Zona E”, en Alajuela, puso a moverse hasta las piedras. Guerra ofreció un show de lujo, marcado por la soberbia ejecución de su orquesta, su propio carisma, y un montaje espectacular de luces y pantallas, desde donde bien logradas animaciones acompañaron cada tema.
La intensidad de la presentación hizo que para muchos se “hiciera muy corta”, y grandes clásicos de la carrera del cantante, productor y compositor, quedaron fuera del repertorio. Sin embargo, el sentimiento general fue de satisfacción, muy a pesar de todo…
La calamidad. No era muy complicado anticipar el desastre. La cancelación del domingo hizo evidente que la producción no previó el factor lluvia para un concierto al aire libre (inaudito). Ni siquiera las 24 horas extra que ganaron con la reprogramación fueron suficientes para sacarse de la manga medidas eficaces para hacer de aquel chilate, un escenario decente.
La verdadera travesía del lunes, era entrar al potrero con nombre fancy. Solo uno de los tres parqueos estaba abierto, provocando un embudo desde el que las presas se extendieron por kilómetros. No fue poca la gente que no logró entrar al lugar antes de que empezara el evento. Ustedes dirán “eso les pasa por llegar tarde”, pero no olvidemos que (gracias a la reprogramación por falta de planificación) era lunes, y mucha gente (la mayoría) salió de sus trabajos hacia el concierto.
La Zona E era un lodazal asqueroso. La entrada a Gramilla General era suelo de chanchera. Varia gente se cayó en ese sector, gente que pagó c20mil por vivir esa experiencia.
La salida fue el segundo calvario. Los accesos/salidas eran estrechísimos y el hacinamiento para salir era la pesadilla perfecta de un claustrofóbico. Vi a mucha gente evidentemente desesperada (señoras, muchachas), y no era para menos. La multitud que salía de Gramilla “Preferencial” (que pagó c45mil por vivir la experiencia) parecía ganado arriado por entre tablones y barro.
A partir de ahí, dos horas encerrados en los carros para lograr huir de aquella pesadilla voluntaria. Cosas que hace uno por amor al arte.
El sonido también dejó que desear. Si bien fue nítido, la potencia era la mitad de la esperable. La música era disimulada fácilmente por los aplausos, y en muchos temas seguirle el hilo a la voz de Guerra resultó imposible. Así se vivió en General, a menos de 30-40 metros de la tarima. Los recuerdos del potentísimo e impecable sonido del Festival Imperial, hacen que la valoración sea aun más cruel.
La prensa. Leo en La Nación esto: “al final el barro solo se presentó en el área de parqueos”. Esa periodista y yo fuimos a conciertos distintos. Yo regresé con barro hasta dentro de los zapatos y vi a gente que sin duda lo tenía incluso dentro de los calzones. Ya es hora de que las crónicas de los eventos se hagan desde el suelo, desde la gente. ¿Cómo es posible que los periodistas sigan reportando desde tarimitas de prensa, con accesos especiales, y estratégicamente ubicadas? ¿Es esa la forma de lograr una percepción real de lo que viven los asistentes? Afortunadamente, los tiempos que corren nos permiten leer de primera mano las impresiones de quienes pagan por su entrada, hunden los pies en el barro y opinan, suben videos a la red que aportan un punto de vista muy distinto a las tomas de noticiero.
La “verdad” de las cosas ya no se puede seguir reporteando desde tarimas, balcones o lounges. Esos fueron otros tiempos.
La indignación. A la salida, en medio de aquel molote humano de sudor, vaho ajeno y lodo, lon insultos para el promotor estuvieron en boca de todos. La molestia de la gente era evidente. ¡Faltaba más!
Viéndolo en retrospectiva, toda la situación resulta incomprensible. Un evento de tan alto presupuesto, tan fuertemente patrocinado (Gracias Credomatic) y tan deslucido en lo que respecta a producción. Un irrespeto y una burla para quien paga precios astronómicos. ¿Por qué se eligió aquel barreal como locación? ¿La gente que pagó lo que pagó (hasta c84mil en “VIP”) se merecía recibir tan mediocre servicio? ¿Por qué seguimos permitiendo estos atropellos?




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