El lunes 12 de enero, Diario Extra “ilustró” su portada con una macabra fotografía que muestra los cadáveres de dos niños muertos en el terremoto del 8 de enero. La indignación expresada al principio por centenares de costarricenses, no ha hecho más que crecer como la espuma en los últimos días. Blogs y grupos en redes sociales han expresado el sentir de gran cantidad de lectores que repudian la publicación.
Este miércoles, el Colegio de Periodistas, como quien no quiere la cosa, publicó un pronunciamiento flojísimo. El Instituto de Prensa y Libertad de Expresión fue mucho más contundente, e hizo circular una reprimenda bastante más enérgica
.
No es para menos, la publicación de esta semana es solo un ejemplo más. Diario Extra ha irrespetado sistemáticamente el dolor y la dignidad de las víctimas de hechos violentos y dramáticos en Costa Rica. El periódico ha acostumbrado a su masivo conjunto de lectores, a sus dosis constantes de morbo. La condena generalizada de la opinión pública no solo era esperable, es más que merecida.
Pero luego apareció en línea una petición, que ha sido firmada por casi mil personas, que echa por tierra cualquier buena intención. El escueto e informal texto pide la intervención (y por ende la regulación) por parte de “la Oficina de Censura” en “este tipo de publicación”.
Lo que más me asombra (además de la falta se seriedad, y de que mil gentes la hayan firmado) es haber visto en al menos dos blogs ticos, invitaciones a firmar eso. El bloguero que apoye una petición para que “la censura” intervenga en las publicaciones (cualquiera), mejor cierra su blogcito y se dedica a ser silencioso.
La “oficina de censura” se llama en realidad Oficina de Control y Calificación de Espectáculos Públicos. Es una entidad absurda, un vestigio aún latente de una Costa Rica obsoleta y que debería haber sido sepultada en el olvido hace muchos años. Una oficina donde una doña decide lo que es moral e inmoral, lo que es correcto e incorrecto, lo que es sano e insano, lo que debemos ver, oir o leer, y lo que no. ¿A quién le puede parecer sensato someter a un ente semejante, la regulación de lo que se publica o difunde en los medios de comunicación?
No se puede creer en la libertad de expresión y en la censura al mismo tiempo, porque la existencia de una, implica la anulación de la otra.
Los ciudadanos cuentan con instrumentos efectivos para expresar su disgusto e indignación ante una publicación. El mejor, desde mi punto de vista, es el boicot comercial. Si en lugar de repetir como urracas las mismas quejas añejas, concretáramos en acciones nuestros malestares, muchos abusos no se cometerían en nuestra prensa.
Es tiempo de que el malestar y la indignación se traduzcan en acciones reales con un concreto poder de incidencia. Pero seguirnos regodeando en quejas y respaldando con nuestro nombre ideas absurdas, es un juego tan ridículo como peligroso.
|+| El subdirector de Diario Extra publica hoy su explicación, casi tan chocante como la foto del lunes.

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