
La eventual (parece que casi habría que decir inminente) postulación de Epsy Campbell como precandidata a la Presidencia de la República, por el PAC, se convirtió en la noticia política de los primeros 7 días del año. Esa noticia, que técnicamente todavía no existe, ya le ha hecho un gran favor al PAC: sacarlo de la gélida modorra de un partido que desde que nació, solo ha conocido la cara de su líder, fundador y candidato perpetuo, Ottón Solís.
Debe ser Solís el menos feliz con las intenciones de Campbell. Acostumbrado a ser el pastor del manso rebaño, debe andar bajando todos los santos de ver la que se le viene. Con algo de humildad, el fundador del PAC podría hacer una lectura sesuda del panorama; de los que –en su caso- son los signos de los tiempos: su momento ya pasó.
La lucha interna es una muestra de la vitalidad de un partido que no es un títere en el brazo de su caudillo. Las señales parecen demostrar que el PAC tiene vida propia en las ideas de quienes lo conforman, no todas ellas alineadas. Una realidad que –estoy seguro- le aterroriza a más de uno de los que han hecho del status-quo la esencia misma de su organización.
También resultan increíbles las insinuaciones por parte de autoridades del partido, de que el candidato podría elegirse por la votación de los delegados en una Asamblea Nacional, y no por la votación de los electores, partidarios, en una convención. Un absurdo indigerible. Si, oficializada la candidatura de Campbell, el PAC no convoca el voto de sus partidarios, el partido habrá firmado su acta de defunción. Muere en la muerte de su principio más esencial: la acción ciudadana.
La posible candidatura de Campbell es una noticia refrescante. Como dije hace un par de meses, presiento que en febrero de 2010 los costarricenses, como quería el presidente, elegiremos presidenta. Pero no se repartan nada.

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