¿Cuánto más mantendremos a una polícia política?
Se me paró el pelo cuando leí la información sobre el caso del periodista Gilberto Lopes, publicada por el Semanario Universidad. No tanto porque me parezca peligroso lo ocurrido (que lo es), sino por lo ridículo y escandaloso.
Ya a mediados de junio del año pasado nos enteramos de que a la DIS nadie la controla, y de que no le rinde cuentas a nadie. La Dirección “de inteligencia” está sobre el bien y el mal, es ama y señora. Solo le informa al Presidente de cualquier conducta “desestabilizadora”.
Eso, sin mencionar los enredos y cuestionamientos que han rodeado a ese cuerpo “de seguridad”, y que inclusive terminaron con la renuncia de su director a finales del 2008. En diciembre, La Nación editorializó al respecto: “La existencia de la DIS constituye una amenaza para las garantías constitucionales”.
El caso de don Gilberto sirve para evidenciar que esto sigue pasando. Que como dijo entonces el Fiscal General, la DIS es “una policía política”, que vigila, almacena datos y espía a quienes considera “enemigos” del gobierno.
El Frente Amplio (uno de los perseguidos por la DIS) ya elaboró un proyecto de Ley para derogar la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional. El jefe de fracción del PAC también se pronunció con preocupación.
Eduardo Ulibarri, de Iplex, y Raúl Silesky, del Colegio de Periodistas, también se pronunciaron en el Semanario.
La respuesta del gobierno: “hay que hacer reformas“.
¿Tiene sentido una entidad como la DIS, en Costa Rica? ¿Tiene sentido después de que sabemos funciona como un colectivo de profesionales undercover del chisme, coleccionistas de datos y detectives del pensamiento? ¿Defendemos lo que nos queda del derecho a la intimidad, del derecho de reunión, de la presunción de inocencia, etc, etc, etc… o nos hacemos los majes?


