¡Listos para competir!

Finalmente esta mañana terminó para mi una nueva pesadilla con el sello de calidad ICE: Un “upgrade” en mi conexión ADSL que debía tomar 48 horas se extendió por 130.
Fui de los elegidos para el infortunio. Como las de otros cientos de clientes, mi conexión no aplicaba para el aumento de velocidad que hizo el ICE en febrero. Ninguno de los reclamos y gestiones surtió efecto entonces, así que, hijos del monopolio: resignación.
Por estos días, la empresa de todos los ticos decidió realizar la actualización en esas cuentas para poder proceder con el aumento. El pasado miércoles, sin previo aviso mi conexión quedó suspendida. Tras un par de esperas de 45 minutos cada una (no exagero) me enteré de todo lo anterior por medio de los agentes de “soporte”. El corte tardaría “un máximo de 48 horas”, es decir que para la mañana del viernes todo debía volver a la normalidad, lo cual –iluso yo- no ocurrió. Otra media hora de espera en el teléfono, y atención a la genialidad: cuando uno llama a reportar un problema con la conexión a internet, una grabación le indica que “si desea” puede realizar el reporte… ¡por email!
Nadie me supo explicar qué había ocurrido “se supone que todo debería estar bien”, y “el puerto no aparece habilitado”, fueron las respuestas que sirvieron de preámbulo a un fin de semana sin sobredosis de información, sin las filias y fobias de Twitter, y sin avalanchas de tests de Facebook. Es más, ahora que lo pienso, esto pudo haber sido personal. Es probable que Pedro Pablo subestime a los usuarios de internet como lo hace con los usuarios de SMS. Si perdés el tiempo en estupideces inútiles como las redes sociales, la lectura de medios extranjeros, el intercambio de información, o el email, no tendrás mayor problema en que te corten la conexión por 5 miserables días, ¿no?
Siempre he sostenido mi convicción de que la situación no será muy distinta con los proveedores privados que entrarán al mercado pronto. La competencia no traerá el edén del servicio al cliente con el que muchos sueñan. Pero es imposible que el servicio que nos ofrezcan sea peor que el que hoy nos da el ICE. Y ojo que no hablo de nada más que de servicio al cliente, no estoy considerando la calidad del servicio, ni la labor social del ICE, etc. Hablo de centrales de soporte saturadas con agentes desinformados incapaces de ofrecer respuestas certeras, una capacidad de reacción totalmente aletargada, ninguna consideración ni cortesía para con los clientes –aún en casos de inconvenientes previsibles o programados-, en fin.
Pero el ICE apuesta por cambiar un logo feo por otro horrible, estrena un slogan cliché, y se mete a jugar quedó a las redes sociales, como si fuera con chupa chupas que se asegura la lealtad de un cliente. Dicen que para verdades el tiempo, pero al menos yo, cuento los días para probar con la alternativa.
|+| Publicado en RevistaSoho.co.cr




