PAC: ¿delirio autoreferente?
Si alguien hace una crítica sobre Ottón Solís o el PAC es:
a) Un anónimo “cobarde” e “hipócrita” (sic).
b) Un mercenario “prostituido” (sic) al servicio de los intereses del PLN.
c) Un narcotraficante que impulsa campañas de desprestigio contra el partido, ahora como en el pasado.
d) Todas, o cualquiera de las anteriores, pero fijo alguna.
Esta mañana participé en el programa Ruta7dos10, de Radio U. En una intervención mencioné el desconocimiento que ha mostrado Ottón Solís sobre el tema de la participación política a través de la red. Sobra decir que no lo inventé, el propio candidato lo evidenció con toda claridad la semana pasada durante su intervención (video) en GorileoTV, fue tema de conversación online todo el resto de la semana, y no pocos blogs se han referido al asunto con amplia variedad de enfoques.
Al parecer mi comentario activó alguna batería antiaérea del comando de defensa Ottonista, que no tardó en llamar y enviar mails para desacreditar a quien critica -y no a su argumento- con la misma majadería de siempre: “está comprado por el PLN”, “¿Cuánto le está pagando Laura?”.
Ya los hermanos Arias han demostrado tener la piel ultradelgada para la crítica y el señalamiento. “En el marco del sistema democrático la crítica externa y la autocrítica son valores esenciales”, les recordó La Nación en una ocasión. Con los precedentes que están a la vista: ¿cómo podría ser un gobierno de Ottón Solís y los suyos, con respecto a quienes los adversen?
“Para Solís, quien quiera que lo cuestione es mentiroso y corrupto”, escribió Juan Carlos Hidalgo, cuando Solís aseguró que era dinero del narcotráfico el que pagaba campañas para desprestigiar al PAC. Sólo unos días después, acorralado por las preguntas, la acusación temeraria se le escurría entre los dedos.
¿De dónde surge esta irritabilidad que parece caracterizar al PAC? ¿Cuál puede ser la capacidad real del partido de reinventarse y refescarse de cara a una elección que tiene completamente cuesta arriba, si cualquier crítica, sana o malsana, propia o ajena, es desechada ad portas y su autor o autores son siempre desacreditados mediante argumentos de persecución?
“El pensamiento paranoide es rígido e incorregible: no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recoge datos o signos que le confirmen el prejuicio, para a convertirlo en convicción”, dice el psiquiatra y escritor español González Duro. Y tiene razón.




