Renace una estrella
No era el regreso a casa de Martha Stewart después de la cárcel, ni la salida de Gloria Trevi del penal de Chihuahua, ni la absolutoria del rey del pop, pero aquello no estuvo lejos. El que salía del reclusorio es una celebridad. Una luminaria tenebrosa que se formó y se alimenta de la atención mediática, como un agujero de negro que engulle saludos, preguntas y flashes. Genio y figura creados en más de un minuto, no por Dios, pero sí con él. Dice la tele que soltaron a Minor.
Erase una vez un canal, que como parte de su discurso mojigato y santulón, le abrió espacio a la verborrea prejuiciosa y anacrónica de Minor de Jesús, un cura con don de lenguas que de una en una, fue armando un rebaño de dóciles ovejas dispuestas a financiar sus delirios. Así se apuñó lo suficiente para echar a andar Radio María, y el resto son varias páginas de historia. Varias de las páginas más negras de nuestra historia, con una estafa multimillonaria a miles de incautos, movilizaciones masivas promoviendo discursos de odio, secretos e intrigas arzobispales, lecciones de manejo con los vidrios empañados, carros nuevos, apartamentos, vacaciones, y el cobarde asesinato de un periodista incisivo.
Nuestro personaje, fue condenado por estafa en contra de los oyentes de su emisora de radio. Por robarle a la gente a costa de su fe. Tras pasar poco más de un tercio de la pena en prisión, a Minor de Jesús le concedieron hace unos días, un “régimen de confianza” que le permitió recuperar la libertad el pasado miércoles. Entre los argumentos, se dice que se valoró su “buen comportamiento” a pesar de que desafió a las autoridades penitenciarias al poner en marcha un nuevo programa de radio desde la prisión, misma actividad –valga decir- de la que se valió para cometer el delito por el que fue condenado. ¿Buen comportamiento? …El Señor, que obra de maneras misteriosas.
Bien dice el dicho: padre que come huevos… que no se extrañe nadie cuando vuelva Minor a la radio, cuando se vuelva a valer del púlpito para diseminar su discurso de prejuicios, cuando lance su servicio de milagros por SMS, y cuando tenga a diez mil doñitas –previa donación- marchando por los adoquines para apoyar alguna majadería dogmática del siglo XIX.
El día que Minor puso de nuevo un pié en la calle, lo esperaban las cámaras del canal que otrora lo llevó a la gloria, presto para dedicarle minutos y minutos de aire, para seguir legitimando su status cuasi mítico de mártir, víctima de la ceguera de la justicia terrenal. Para seguirle dando voz al que con su voz tanto daño hizo. Ahí estaba la tele para conmovernos con la estrella en desgracia que emerge de las cenizas, la oveja descarriada que retoma la senda, el hijo pródigo… la segunda venida.
Minor, amigo, la tele está contigo.
|+| Publicado en RevistaSoho.co.cr





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