¡No afloje Arias!

No hay que ser analista internacional, ni excesivamente brillante para ver que la salida negociada a la crisis que vive Honduras tras el golpe de estado, está pegada de una rama difícil de alcanzar. El punto muerto en que cerró el proceso de conversaciones este domingo, sólo oscurece un poco más el panorama. La alusión al fantasma de una “guerra civil”, por parte de Óscar Arias, nos recuerda que lo que se discute en Costa Rica no es la elección de una miss, sino el futuro inmediato del pueblo hondureño; que podría ser esperanzador, o nefastamente sombrío.
El método empleado en la negociación y su eficacia, pueden discutirse. Pero el esfuerzo de Arias y su persistencia deben ser reconocidos, y los costarricenses, fervientes defensores de la democracia y la institucionalidad, debemos cerrar filas con el presidente y alentarlo a seguir hasta el final. Si la negociación fracasa o no, debe saberse una vez que se haya agotado hasta el último aliento en los diálogos.
En los últimos días han surgido voces que intentan llevar la atención hacia puntos como el “¿quién está pagando por los costos del proceso de negociación?”, o que “el presidente se está distrayendo” de los asuntos nacionales por atender los hondureños. Como diría Leyla: ¡peanuts!. Para mi: legítimas majaderías.
También se ha dicho que las verdaderas intenciones del presidente son volver a ganar el Nobel, ser secretario de la OEA, de la ONU, presidente de la FIFA, beato, o archiduque de Pompadur. Personalmente me importan poco los planes futuros de Arias, cuando lo que está haciendo hoy es lo correcto. Si de su éxito o fracaso se derivan las consecuencias que sea, las tendrá –o no- merecidas.
Si mi país se viera sumido en una crisis como la que afronta Honduras, y a lo lejos cimbrara ya la posibilidad de enfrentamientos, muertes y guerra, yo agradecería de corazón que alguien –que uno pensaría, no tiene vela en el entierro- se comprometa a dejar el alma en la cancha de la diplomacia. Es lo correcto. 





