
En un sólido artículo publicado este martes en La Nación, el periodista Alejandro Fernández expone por qué la resolución que la semana pasada prohibió la difusión de un spot de la campaña de los supermercados Megasúper, no solo es inconstitucional, sino que atenta contra la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La decisión de la oficina que lleva el macabro nombre de “Control de propaganda” respondió a una denuncia del INAMU, obliga al anunciante a solicitar permiso para pautar futuros spots, en una clara medida de censura previa, y regañó a un canal de TV por ejercitar su legítimo derecho de poner al aire la información (o publicidad) que considere pertinente. En el Fusil hablamos del tema el pasado viernes.
“Todo costarricense puede comunicar sus pensamientos de palabra o por escrito, y publicarlos sin previa censura…” Art 29, Título IV. Constitución Política, República de Costa Rica.
…eso significa que hasta Toledo puede difundir su “música”, ¡antes de que alguien la prohiba por inmunda!
Pero como si no fuera poco con esta medida lesiva de derechos fundamentales, cabe preguntarse aún varias cosas más: ¿Debemos pensar que es solo una casualidad que la denuncia del INAMU surja 24 después de que se hiciera público un Recurso de Amparo y otras sendas denuncias por “competencia desleal” planteadas por Wal-Mart? Llámenme como gusten, pero el timing cuando menos deja lugar para la suspicacia.
Tema aparte merece la argumentación misma del INAMU y las organizaciones feministas que hayan respaldado su denuncia. Los argumentos de una imagen “impúdica” y que incita a la “violencia contra la mujer” resultan sencillamente absurdos en este caso. El delirio es total cuando el personaje en cuestión es un hombre, que no aparece vestido de mujer para la ocasión de ser amordazado, sino que lleva ya ¡80 comerciales con la misma peluca! De verdad que cuando uno quiere ver al diablo, se lo encuentra hasta en una tostada.
Pero lo que me resulta más escandaloso de este tema, es el lamentable silencio del gremio publicitario, chito ante el agravio. ¿Adónde está ASCAP, adónde está el INPUB, adónde está el Colegio de Periodistas de Costa Rica (que también agremia a los publicistas)? ¿Cómo es posible que un atropello de esta altura a la libertad de expresión, se deje pasar como quien no quiere la cosa?
Qué triste pensar que los publicistas ticos se ponen hombro con hombro para cacarear los bien merecidos logros internacionales, pero hacen mutis cuando la cosa se pone color de hormiga. Esta semana, frente a la “Oficina de Control de Propaganda” perdimos todos.
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