La transparencia es la nueva objetividad

opinion objetividad censura blogs prensa

Por David Weinberger*
La transparencia ahora juega algunos roles que antes, en la ecología del conocimiento, le atribuíamos a la objetividad. En estos días, fuera de la esfera de la ciencia, la objetividad está desacreditada acaso a una aspiración, y aún como aspiración parece bastante superficial. El problema de la objetividad es que pretende mostrarnos cómo se ve el mundo desde ningún punto de vista en particular, que es como preguntarse cómo se ve algo en la oscuridad. Sin embargo, la objetividad -incluso como un objetivo inalcanzable- ha desempeñado un papel importante en la forma en que llegamos a confiar en la información, y en el negocio de los periódicos en la era moderna.


Esto quedó claro con el inicial rechazo de los periódicos hacia los blogs. Se nos dijo que los bloggers tienen agendas, mientras que los periodistas nos dan la información objetiva. Por supuesto, como no creemos que la objetividad sea posible, pensaremos que la invocación a la objetividad en realidad oculta los sesgos que inevitablemente están ahí. Eso es lo que quise decir durante una conferencia de prensa de bloggers en la Convención Nacional Demócrata del 2004, cuando le pregunté al periodista ganador del premio Pulitzer, Walter Mears, a quién apoyaría para presidente. El respondió (parafraseando): “Si te digo, ¿cómo podrías confiar en lo que escribo?”, a lo que yo respondí que si no nos dijera, ¿cómo podríamos confiar en algo que él blogueara?

Es solo un ejemplo en el que la transparencia es la nueva objetividad. Lo que antes creíamos porque pensábamos que el autor era objetivo, ahora lo creemos porque podemos ver a través de los textos a sus fuentes, y los valores que lo llevaron a determinada posición. La transparencia le brinda al lector información gracias a la cual puede deshacer algunos de los efectos no deseados de los siempre presentes sesgos. La transparencia nos lleva a la fiabilidad, como antes lo hacía la objetividad.

Es un cambio así, de época.

La objetividad solía presentarse como un punto de llegada para la confianza: si la fuente era objetiva y bien informada, había suficientes razones para creerle. La objetividad del periodista era a su vez un freno para la curiosidad del lector. Eso formó parte del discurso de los periódicos de alto perfil: usted no puede creer lo que lee en los tabloides, pero nuestras noticias son objetivas, así que aquí puede poner a descansar su suspicacia. Uno podía detener su búsqueda cuando llegaba donde una autoridad acreditada que le decía: “Tengo esto. Usted puede creerlo”. Y fin de la historia.

Entonces pensábamos que esa era la forma en que funcionaba la información, pero en realidad esa era la forma en que funcionaba el papel. Ahora la transparencia prospera en un entorno interconectado, donde literalmente podemos ver las conexiones entre el producto final, y las ideas que lo alimentaron. El papel, por el contrario, fracasa con los links. Siempre quedan las notas al pie, pero esa es una actividad que consume tiempo valioso y mucho más destinada al fracaso que a éxito alguno. Así, en la era del papel, nos acostumbramos a la idea de que la autoridad venía en forma de señal de alto: has llegado hasta una fuente cuya fiabilidad no requiere de más indagación.

En la era de los links, seguimos confiando en las fuentes autorizadas. Son formas indispensables para escalar el conocimiento, es decir, nos permiten conocer más información de la que cualquiera de nosotros podría verificar por su cuenta. Pero cada vez más, esas autoridades quedan relegadas al conocimiento más establecido, a las cosas que no tienen mayor espacio para el debate. En las fronteras del conocimiento queremos, necesitamos, podemos tener y esperamos, transparencia. La transparencia hace que podamos ver a través de la información misma, los valores y las hipótesis que le dieron forma, así como los argumentos que el periodista resolvió de una forma y no de otra. La transparencia -la habilidad de ver a través de lo publicado- a menudo nos da más razones para confiar en una información, de lo que se conseguiría con la pretensión de objetividad.

De hecho, la transparencia subsume la objetividad. Cualquiera que presuma objetividad debería estar dispuesto a respaldarlo dejándonos mirar en sus fuentes, en las visiones encontradas, y en las hipótesis y valores que probablemente quedaron fuera de lo publicado.

La objetividad, sin transparencia, se parecerá cada vez más a la arrogancia. Y luego a la locura. ¿Por qué deberíamos confiar en lo que alguien -aún con la mejor de las intenciones- insiste que es la verdad, cuando podemos tener en su lugar la red, de evidencias, ideas y argumentos?

En resumen: la objetividad es un mecanismo de confianza del que se echa mano cuando un medio no puede usar links. Pero ahora podemos.


* Y aquí -oh ironía- está el pié de página: este texto es una traducción libre (perdón por el atrevimiento) del post original “Transparency is the new objectivity” de David Weinberger, filósofo, consultor, conferencista y columnista venido a gurú del marketing y el 2.0 tras la publicación del Cluetrain Manifesto, del cual es co-autor, y que para muchos de nosotros es desde hace años un libro de cabecera.
Reproduzco el texto completo, porque lo comparto completo. ¿Qué opinan?



Por: cristian cambronero  |  En:    Twitter    Web
Periodista multimedia y diseñador. Blogger de tiempo completo. Asesor en social media y director de contenidos.



7 Comentarios

  1. Daniel dice:

    Excelente Cristian. ¡Gracias por compartirlo!

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  2. NAP dice:

    Mae Christian….creo que vos has dado un ejemplo muy grande en la epoca de las campañas de elecciones a pre-candidatos presidenciales. Me acuerdo que en uno de tantos post, vos te declaraste casi q en el primer párrafo simpatizante a Epsy Campbell, lo cual todos sabiamos que cualquier cosa que escribieras a favor o en contra de cualquier candidato, inclusive Epsy, tenias una razon y un motivo ya sea de tu descontento o simpatia…Asi de facil y transparente, sin engañar a nadie.

    “cuando le pregunté al periodista ganador del premio Pulitzer, Walter Mears, a quién apoyaría para presidente. El respondió (parafraseando): “Si te digo, ¿cómo podrías confiar en lo que escribo?”, a lo que yo respondí que si no nos dijera, ¿cómo podríamos confiar en algo que él blogueara?”

    Estas lineas que posteaste explica muy bien lo q estoy escribiendo.

    Si los periodistas en general a nivel mundial declararan su color politico, de equipo de futbol o su creencia religiosa o no creencia, seria mucho mejor para el lector y para el mismo q lo escribe, xq no caeriamos en engaños ni en mal interpretaciones y el periodismo en general seria mas confiable.

    digo yo.

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  3. Marshal dice:

    Excelente texto sin duda. Coincido con Nap…el ejemplo que diste fue significativo y creo que somos parte de una generación que comprende la objetividad como una utopía pero que busca incesantemente la honestidad y la transparencia.

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  4. [...] todavía no conoces Fusil de Chispas espero que este post te invite a hacerlo. El autor es Cristian Cambronero, periodista de Costa [...]

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  5. [...] Vale la pena: “La transparencia es la nueva objetividad” Posts relacionados en el Fusildechispas: Debates políticos: Canal 7 ganó el pulso por el [...]

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  6. Javier M dice:

    Muy bueno e interesante el artículo Cristian, como es costumbre encontrar en esta página, ojalá que haya fusil para rato

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