Un país sin cine es un país invisible

¿Cuántas películas nacionales se presentan en cartelera? ¿Cuántas vamos a ver? Durante décadas, en Costa Rica solo se produjo una película cada quince años. La falta de registro es preocupante…
Por Carla Pravisani *.
Muchas personas adoptan el modelo de vida que reproduce el cine. Más del 90% de las películas que vemos en el país son de origen estadounidense. Es por eso que, sin imágenes propias, reproducimos estereotipos importados. Sin producción de cine nacional, somos una cultura vulnerable.
Casi desde sus orígenes el cine se convirtió en el más eficaz vehículo de la cultura de masas (y por ende en el más poderoso instrumento de colonización cultural), solo superado, a partir de los años sesenta, por la televisión. Nos vinculamos al mundo a partir de las imágenes en movimiento.
Lo que no se conoce de la China poco a poco se hace fácil de reconocer aquí en Occidente por las películas de acción y drama que nos presentan los orientales. Cada cultura demuestra lo que piensa y vive a diario por ese medio de comunicación audiovisual.
Está demostrado que la cinematografía es un generador de identidad. Y ésta identidad va desde lo económico hasta lo turístico, y sobre todo, influye en lo cultural. Un pueblo debe conocerse a sí mismo.
La necesidad de valorar el cine como un registro primordial del ser cultural es uno de los mensajes principales que buscan trasladar los cineastas costarricenses a la clase política. Entender para qué producir cine, por qué, cuál es el sentido y la urgencia de apostar dinero a una industria actualmente deficitaria, son algunas de las razones que han llevado a Cinealianza a trabajar a favor de una ley de fomento a la industria audiovisual que permita hacer más y mejor cine. La industria del cine no sobrevive sin el apoyo estatal
Actualmente se encuentra en la Asamblea Legislativa para su aprobación la Ley de fomento de la producción audiovisual. Un proyecto que nació hace quince años y que consiste en la necesidad de que el Estado reconozca la importancia de fomentar la producción audiovisual a través de un estímulo para las empresas.
La ley de fomento audiovisual consiste básicamente en dos partes: la primera es un impuesto que se cobraría a las empresas de cable, (todavía es un monto por definir pero andaría alrededor de los ¢300), y a su vez estas se lo trasladarían a sus clientes. Esto permitirá generar un fondo económico que estimule la producción cinematográfica.
La segunda, consiste en un estímulo a los empresarios con deducciones del 125% sobre el impuesto de la renta a los aportes que ellos hagan a la producción audiovisual.
Ésta ley está basada en un movimiento que se viene produciendo en América Latina desde hace varios años donde se comprobó que leyes de este tipo son un antes y un después en la generación de cinematografía nacional. Sobre todo la producción cinematográfica entendida como ficción, documental y series televisivas.
En estos últimos quince años la producción nacional ronda de 3 a 5 películas anuales. Este incremento en la producción responde específicamente al cambio tecnológico. La aparición del cine digital democratizó mundialmente el acceso a las cámaras de filmación.
Asimismo sus continuas mejoras permitieron que la calidad no fuera solo una exclusividad del cine de 35 mm. El cine digital se ha perfeccionado de tal forma que en el 2009 las cuatro películas costarricenses que se estrenaron en cine fueron filmadas en video digital. Pero si bien las cifras de producción muestran un incremento, todo este esfuerzo económico para llevar adelante una película está basado en la odisea personal y monetaria de un grupo de gente que no recibe mayor apoyo de parte del Estado.
Actualmente las únicas puertas que golpean los cineastas para financiar sus proyectos son Cinergia (un fondo privado) y Proartes, que sí es estatal, apoya la producción de cortometrajes y recientemente sumó aportes también a la producción de largometrajes. Pero más allá de esto, no hay mucho estímulo para la fuerte demanda creativa de los últimos años. En eso radica la urgencia de la ley.
Otro de los cambios que se están promoviendo es que el Centro de Cine se llame Instituto de Fomento al Audiovisual que sería el ente rector del fondo de fomento audiovisual.
Históricamente al no encontrar estímulo gubernamental el sector empresario se ha mostrado reacio a financiar proyectos. Teme apostar porque actualmente el cine es considerado “una apuesta”. Hay que reconocerlo, en su mayoría, es una industria deficitaria. Los empresarios quieren invertir en algo más seguro. En cambio, con la aprobación de esta ley se aseguran la inversión, la plata que de todas formas iban a destinar a sus impuestos, además, obtienen una película.
De aprobarse la nueva ley de fomento de la producción audiovisual contaría con un importante impulso estatal. Después solo quedaría la incógnita sobre qué apoyo tendría el material para ser difundido en los cines, y más importante aún, cuál sería la reacción de un público costarricense acostumbrado a ver cine gringo comiendo palomitas. 
|+| Carla Pravisani es publicista y empresaria, se ha desempeñado como directora general creativa, y asesora política. Actualmente estudia periodismo para renovar el repertorio.
|+| En las fotos: El cielo rojo, El camino, A ojos cerrados, Gestación, Password, Caribe, La pasión de Nuestra Señora, Del amor y otros demonios.


