Las manos que mecen a Nicaragua

El titular que grita la portada de La Nación de este lunes es más espeluznante que la caminata zombie que el sábado le paró la peluca a más de uno en San José.
El diario tico muestra al rey desnudo, como si nadie lo supiera ya. Deschinga a un Daniel Ortega, fantoche presidente del pueblo nica, y evidencia el pierniculiteteo que Ortega maneja con sus compinches en los demás poderes del Estado nicaragüense, y que -ahora vemos- se extiende hasta la propia cabeza del Consejo Supremo Electoral. El Magistrado Rivas, alma bondadosa, le da posada aquí a los hijos de Daniel. Son amiguis.
Hace solo un par de semanas, Rivas acogía (aplaudiendo bajo la mesa, imagino) la alucinante decisión de la Corte Suprema de desaparecer el artículo de la Constitución que le impedía el plan de reelección a Ortega, powered by Chavez.
En cualquier lugar del planeta, el conflicto de intereses resultaría absolutamente escandaloso, por decir lo menos, pero ¿en Nicaragua? ¿Quién va a alzar la voz, quién va a parar el arrullo?
Lo resumió esta semana Peinando la culebra: “El problema de los gobiernos autoritarios que se ufanan de ser democráticos es que el costo de su maldad se da poco a poco a través de varios años, en un proceso similar al de la rana en agua tibia, a la que se le puede subir la temperatura lentamente, hasta que la rana se muere sin darse cuenta de que la estaban hirviendo”.





