Comer mierda

Hace unos meses recibí un correo de mi estimado Manuel Maqueda, contándonos que en setiembre participaría junto a otros periodistas, y productores, encabezados por el artista visual Chris Jordan (Expositor en TED), de una expedición al Atolón de Midway, con el objetivo de documentar una tragedia.
“Midway es un conjunto de islas en el Pacífico norte, a medio camino entre Norteamérica y Asia. Se trata de uno de los lugares más remotos y aislados del planeta, famoso por haber sido escenario de una batalla naval que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial”, se explica en el sitio web del proyecto.
Actualmente, las corrientes marinas concentran cerca del atolón toneladas de desechos plásticos flotantes. Cada primavera millones de albatros anidan en Midway. Confundidos, acostumbrados a cazar peces y calamares cerca de la superficie, los padres albatros recogen encendedores, tapas de botella, cartuchos de tinta, muñequitos, y con eso alimentan a los polluelos. “Terminada la temporada de cría, los albatros se marchan de Midway dejando detrás miles de cadáveres que, al descomponerse, revelan una cavidad torácica repleta de basura”.
Esta semana recordé la expedición y me encontré con las macabras fotografías capturadas por Chris Jordan y publicadas el pasado mes de octubre. Véalas aquí.
“Para documentar este fenómeno tan fielmente como fue posible, ninguna pieza de plástico en ninguna de estas fotografías fue movida, colocada, manipulada o alterada de ninguna forma”, asegura el artista estadounidense, célebre por su trabajo a gran escala sobre el consumo masivo, la contaminación y los desperdicios. “Estas imágenes muestran el contenido real del estómago de los polluelos, en uno de los santuarios marinos más remotos del mundo, a más de 2mil millas del continente más cercano”.
Por estos días, mientras unos llenan platos de babas en Copenhague dibujando soluciones en papeles generalmente inútiles; otros hacen danzas celebrando que el llamado Climate-Gate les da la razón, que el cambio climático “es un ardid”, y entonces podemos seguir escupiendo dióxido de carbono y metano por cada uno de nuestros hoyos, los de nuestras máquinas y nuestros animales, y botando bolsas plásticas de 10 en 10 cada vez que vamos al súper, hasta que ya no haya qué echarles dentro.




