“Una mujer presidenta debería significar un gran avance”, dice candidata a diputada.

Entre marzo y abril del año 2000, Costa Rica vivió unas se las semanas más convulsas que nuestra generación recuerde. Probablemente la gran mayoría de lectores de este blog estaría cursando la secundaria, la universidad o recién comenzando sus carreras. En esas semanas, llegó a su punto más crítico la masiva oposición a un paquete de leyes de “modernización” para el ICE, con las que el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez pretendió iniciar la apertura del mercado de electricidad y telecomunicaciones. Para acelerar su paso por el Congreso, las 3 leyes se empaquetaron en lo que se llamó “combo eléctrico”, pero que acabaría rebautizado como el “combo ICE”.
Eva Carazo presidía la Federación de Estudiantes de la UCR. Fue la primera mujer en alcanzar ese puesto, el más importante del que -quedaría demostrado ese año 2000- era un vigoroso movimiento estudiantil. Desde su presidencia se convirtió en una las figuras más emblemáticas de la oposición al proyecto, y de un movimiento social que provocó masivas manifestaciones y arrinconó al gobierno de Rodríguez; primero a usar la fuerza y la represión, y no mucho más tarde a echar atrás con su proyecto estrella.
Carazo, de 35 años, es hoy candidata a Diputada por el partido Frente Amplio, en el 2do lugar por la provincia de San José. Hace unos días le pedí una cita para conversar, y nos encontramos, como tenía que ser, en la Universidad de Costa Rica. Este es un extracto de la conversación:
Este campus, esta universidad, ¿qué significa para vos?
Me marcó la vida. Ahora mientras te esperaba estaba recordando que mi participación en el movimiento estudiantil marcó lo iba a ser mi vida a partir de entonces: antes de entrar a la universidad yo vivía muy tranquila y no me cuestionaba mucho sobre lo que pasaba en el país. Fue en el movimiento estudiantil cuando abrí los ojos y empecé a darme en cuenta de que existen muchísimas contradicciones y problemas, y que había que hacer algo al respecto. Por lo menos yo, una vez que entendí eso, no podía quedarme al margen.
En los últimos años la FEUCR ha perdido muchísimo protagonismo, pero todavía para cuando nosotros estuvimos en la universidad, a la federación se le consideraba una plataforma política por excelencia para líderes jóvenes. A la luz de tu aspiración a una diputación ¿tendríamos que pensar que esa premisa también se cumplió con vos? ¿Lo visualizaste así en algún momento?
En realidad no, por el contrario, uno de los principios básicos de Gente U -de aquella Gente U- que fue el partido con el que participé del movimiento estudiantil, era el de mantener autonomía frente a los partidos políticos. Estábamos clarísimos de toda esa historia de la juventud del PLN y la juventud del PUSC, y de la izquierda también, que formaban sus cuadros dentro de la universidad. Siempre dijimos que el movimiento estudiantil tenía que responder a los intereses de los estudiantes. Nuestro trabajo, antes del Combo, fue muy invisible, pero yo lo recuerdo como algo muy importante. Nos esforzamos por acercar la federación a los estudiantes y por que todo mundo entendiera qué era la FEUCR y qué hacía, y a la gran mayoría de los estudiantes no les importaba. Sin embargo creo que fue ese trabajo el que permitió que al momento del Combo, el movimiento estudiantil se moviera como se movió.
Con esto te digo que no, no me pasaba por la cabeza una participación partidaria, estábamos concentrados en eso. Sí creo que la FEUCR me introdujo en la vida política, pero no necesariamente la partidaria.
¿A esa coyuntura del Combo ICE, le debés algo?
Participamos en un proceso que creo que fue y es histórico para Costa Rica, desde un sector que tuvo un protagonismo muy importante. También fue el momento en el que conocí a mucha gente del movimiento campesino, de organizaciones comunales, de sindicatos, mucha de la gente de pelea, que casualmente es la que me he seguido encontrando después en nuestro esfuerzo de construcción de alternativas. Yo digo que ahí empecé a hacer política, y tengo 10 años de estar haciendo política, aunque hasta ahora estoy bajo la bandera de un partido. Para mí es una convicción que hay que hacer política desde distintos escenarios, como las organizaciones sociales. Los partidos han perdido ese monopolio.

¿Podrías puntualizar cuáles serían los ejes de una eventual gestión tuya en la Asamblea Legislativa?
Empezaría por defensa de derechos colectivos e individuales, particularmente de los sectores más excluidos, con un fuerte énfasis en derechos de las mujeres. Voy a impulsar la educación sexual obligatoria en escuelas y colegios, sobre todo para atacar el problema de los embarazos no deseados en adolescentes. En el área de derechos colectivos también haremos un fuerte énfasis en el tema ecológico, que es un tema estratégico porque estamos arriesgando la supervivencia del planeta y la nuestra también. Creo que es urgente declarar el agua para el consumo humano con un derecho fundamental y ponerle el ojo al asunto de la biodiversidad. Hay que echar atrás estos mecanismos de patentes que permiten que las formas de vida se conviertan en una mercancía. Vamos a trabajar el tema de la extracción de recursos, y contra la minería a cielo abierto. Tenemos que enfocarnos en cambiar formas de producción y formas de consumo. También me interesa un tema en el que he venido trabajando desde hace mucho tiempo, que es el de la soberanía y seguridad alimentaria, la reactivación de la producción alimentaria para el mercado nacional a partir de productores locales, que sea diversificada, sustentable.
¿Qué pasa con los temas prohibidos? A que atribuís que haya tanto tema tabú en la actual campaña, tantas cosas que no se están discutiendo, tantas palabras que no se dicen en voz alta: derechos de las minorías, anticoncepción, estado laico, aborto…
¡Debe ser porque a muchos les parecen incómodos! Nosotros si tenemos esos temas, están claros y explícitos y son temas que vamos a defender. Yo creo que toda persona debe tener derechos humanos plenos, independientemente no solo de su situación económica, sino de su orientación sexual, de su género, del lugar donde nació o vive; y eso pasa porque el Estado cuente con mecanismos de afirmación de los derechos de las minorías. Pero creo que son temas incómodos para la mayoría de los partidos, por eso no son grandes temas de campaña, aunque son absolutamente fundamentales para muchas personas y muchos grupos.
Sin embargo, más allá de la aparente incomodidad, hay temas cuyo debate es un eterno punto muerto. Hablemos por ejemplo de la anticoncepción de emergencia, ¡es la demagogia contra la ciencia misma!
Por ejemplo ese es un tema que está rodeado de mucho prejuicio, pero tenés razón, ni siquiera debería estar en la lista de los temas tabú porque la propia OMS, a partir de criterios técnicos, ha dejado claro que no es un método abortivo y que es un método de anticoncepción, como los condones o las pastillas anticonceptivas. Esto tiene que ver también con derechos de las mujeres, y ahí se empieza a complicar la cosa para alguna gente: porque cuando las mujeres empezamos a ejercer plenamente derechos sobre nuestro cuerpo, hay poderes que comienzan a torcerse, y cada vez que le das más poder a la gente, se lo estás quitando a alguien.
Educación sexual, que ha sido uno de los temas que estás tratando de posicionar. ¿Por qué nos ha costado tanto en Costa Rica? ¿A qué se debe ese rezago tan dramático que tenemos en ese tema, mientras la realidad nos grita en la cara la urgencia que existe?
De nuevo, por prejuicios, por temor, porque somos hijos e hijas de un sistema que nos ha enseñado que la sexualidad es algo malo y que de eso mejor no hablar. Y tenemos que tomar en cuenta que la generación que ha tenido y tiene en sus manos esas decisiones, ha crecido y ha interiorizado esas premisas, y le cuesta mucho hacer el viraje. Creo que los verdaderos cambios los vamos a ver cuando las nuevas generaciones empiecen a ejercer con plenitud su participación activa en la toma de decisiones…
Pero ¿Cuándo va a pasar eso? Si vemos el panorama cargado de apatía y desinterés entre la gente joven por involucrarse y participar, aún hoy. Al próximo presidente lo vamos a elegir los jóvenes y parece que a nadie le importa, por ejemplo, que estos temas sean última prioridad…
Pero además, lo vamos a elegir los jóvenes, ¡con un riesgo altísimo de que lo elijamos al no participar!
¡Exactamente!
Es que no nos damos cuenta que al quedarnos por fuera estamos dejando que otra gente tome la decisión por nosotros.
Pero creo que por suerte la generalización no puede ser tan amplia, y existe gente joven comprometida, así como gente no necesariamente muy joven, que está tratando de funcionar bajo una lógica distinta. Yo tengo la confianza de que somos muchos los que queremos trabajar por hacer una política libre de muchos de los vicios que la han caracterizado, y que no tenemos aprendidos esos males. Una amiga con la que compartí en la FEUCR, decía que los jóvenes tenemos “el sagrado derecho a la irreverencia”, y podemos hacer lo que queremos hacer, y de la forma en que queramos hacerlo, y yo creo que ya es hora de tomárnoslo en serio y trabajar para cambiar todo lo que no nos gusta.
¿Cómo valorás el trabajo de los diputados jóvenes, en la actual Asamblea? O las diputadas…
A mi me indigna mucho la imagen que deja Andrea Morales de las diputadas jóvenes mujeres, en particular. Porque le dejó a mucha gente la idea de que una mujer joven en política es una persona que no va a mantener sus convicciones y se va a mover para donde mejor le calienta el sol. Y lo cierto es que muchas mujeres hemos demostrado que vivimos de acuerdo con nuestras convicciones, y las defendemos y peleamos por ellas. Pero hay que decir algo más: hay hombres adultos que han hecho papeles muy tristes en esta asamblea legislativa y eso quizá no se recuerda con la importancia con la que recordamos el caso de Andrea Morales.
También creo que es injusto que se le cobre a una generación por una persona que no ha sabido responder, somos muchas más las que vamos a demostrar que no es un tema de edad y que no es un tema de género; es un tema de principios.
El diputado Merino ha sido uno de los más visibles en la actual Asamblea, y si no me falla la memoria ha sido electo por los periodistas como el mejor diputado, en los últimos 3 años… ¿Les deja la vara muy alta a José María Villalta y a vos; a los diputados del Frente Amplio?
Sí, son unos zapatos difíciles de llenar, pero también un camino muy claro de por dónde vamos a seguir transitando. Creo que él sólo ha hecho un trabajo impresionante, siendo un único diputado; y hemos trabajado juntos desde diferentes lugares, y muchos de los candidatos y candidatas a diputados, desde los movimientos sociales. Por eso creo que se trata de gente que hemos sido probados en las luchas, en nuestros proyectos, desde nuestras comunidades, y que tenemos en frente un gran reto, pero sobre todo un gran compromiso.
¿Qué pasa si no ganás?
¡Pues tengo que seguir trabajando, igual que si gano!
¿Y qué pasa si ganás, después de 4 años en el Congreso? Sos una mujer joven, a pesar de tu trayectoria tu carrera política está arrancado…
Lo veo lejos todavía, francamente no he pensado ni me imagino que podría pasar después de una diputación. Supongo que sería como un cambio de escenario, pero en el que seguiría haciendo las mismas cosas que he venido haciendo.
¿Qué significa para vos una mujer presidenta, si a esa mujer no le ponemos nombre?
¡Qué difícil no ponerle nombre!…
Debería significar un gran avance.
Pongámosle nombre: Laura Chinchilla.
Es un retroceso, porque ella no es una mujer que vaya a trasgredir los esquemas y la formas de política patriarcal que tanto han perjudicado a las mujeres. Es un retroceso porque significa que la esperanza que podría generar una mujer presidenta, como ruptura de toda la historia de hombres líderes, va a ser una esperanza frustrada para el intento de las mujeres de participar en cargo públicos bajo otras formas de relación. Para mí lo importante no es que sea un hombre o una mujer, si no que se cambien las formas de relación en la sociedad. Hay muchas mujeres tratando de cambiar esas formas, pero hay otras que siguen funcionando bajo el mismo esquema tradicional, y creo que Laura -lamentablemente- es una de ellas.
Cuando dicen “gente de verdad” en la propaganda el Frente Amplio, ¿Qué quieren decir?
Hablamos de gente que la pulsea, que sale todos los días a trabajar, a estudiar, a tratar de generarse mejores condiciones de vida para su familia, gente que pelea por las cosas en las que cree. Es la gente de Crucitas, de Sardinal, gente que sabe que a veces hay que poner el interés de la comunidad por sobre el interés propio, que tenemos que organizarnos para poder lograr las transformaciones que necesitamos, porque nadie nos las va a regalar…
¿Y solo en el Frente Amplio está esa “gente de verdad”?
¡No, en absoluto! Yo creo que la gran mayoría de la gente de este país, es gente de verdad. Gente que tiene condiciones cada vez más difíciles, pero que mucha aún no se ha dado cuenta de esa necesidad de luchar por las cosas que necesitamos, cada quien desde sus posibilidades.
Pero también existe esa gente de mentiras, a los que ya no les creemos, por lo menos yo ya no les creo, y decidí que quiero trabajar por la gente de verdad, que somos mayoría. 
|+| Esta conversación ocurrió el viernes 22 de enero.
|+| La foto principal es de Julia Ardón. Desconozco la autoría de la segunda fotografía, pero corresponde a la jornada del 23 de abril del año 2000, cuando los antimotines reprimieron con gran violencia una manisfestación estudiantil en la Rotonda de la Hispanidad. Varios jóvenes fueron arrestados, incluyendo a Carazo, entonces presidenta de la FEUCR.
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