Ojo: a usted también le puede caer una ventana en la cabeza

Les cuento lo que me pasó, para que si les pasa, no se les pase así nomás.
Este martes fui a la inauguración de “Ment3grafica expone”, una pequeña pero atractiva muestra colectiva de fotografía, organizada por varios amigos de ese blog amigo. El lugar elegido -no se por qué- fue Kfe-Nova en Cartago (250 este de las ruinas), el logo dice “café-galería-lounge”, pero lo cierto es que es una soda con aires de grandeza.
Hubo buena concurrencia. Varios hablábamos tranquilamente en un corredor lateral del lugar, contiguo a una especie de patio, esperando que arrancara el concierto de Huba&Silica. De pronto, sin provocación alguna ni motivo aparente, uno de los marcos de las ventanas (de madera con barras metálicas) cayó sobre 3 de nosotros incluyendo a una amiga. Ocurrió suficientemente rápido como para que -al menos yo- solo me diera cuenta cuando sentí que quebraba los vidrios con la cabeza y me corrían por todo el cuello y la espalda; sin mencionar el golpe de los marcos. No hace falta cargarlo de drama adicional: el accidente pudo fácilmente ser trágico. Tan pronto nos quitaron el marco de encima, pedí a mis amigos que me dijeran que tan profundos eran los cortes en mi cuello, porque pude sentir los vidrios mientras caían. Pero inexplicable y afortunadamente no sufrimos más daño que el golpe y un par de raspones.
Solo segundos después entró en escena el dueño o administrador del lugar que con prepotencia y matonería sobreactuada nos gritó a todos que saliéramos. “Se va todo el mundo, desalojen”. Yo pensé despacio: Se acaba de caer un ventanal del lugar sobre varios clientes, cualquiera de ellos podría estar gravemente herido, y la reacción de este tipo, antes de siquiera preguntar, es ¿echarnos? …
Pocos minutos después los organizadores dieron por concluida la actividad, ante las amenazas de desconectar la electricidad. No pocos de los presentes expresó su asombro ante la secuencia de acciones primitivas exhibidas por el sujeto en cuestión.
Les comparto el relato de este fiasco, porque tristemente la reacción de Kfe-Nova no es la excepción, sino la regla en Costa Rica. Estamos acostumbrados como clientes y consumidores, a ser víctimas de todo tipo de abusos y a agachar la cabeza. Aquí no existe una cultura de servicio al cliente y mucho menos una sana cultura de reclamo y exigencia. Contamos con espacios y alternativas para el berrinche y el desahogo, pero muy pocos asumimos nuestra responsabilidad: ejercer el derecho.
Por mucho menos que esto (como tener el piso mojado sin un rótulo que lo alerte) grandes negocios se han visto en serios aprietos. Y es que cuando algún nene se mete a jugar de empresario abriendo una fonda en Cartago, probablemente el último factor que tome en cuenta sean los clientes. En Costa Rica, sin embargo, existe bastante jurisprudencia interesante sobre las responsabilidades colaterales de los comercios, y está claro que abrir un local no se limita a colgar un par de telas viejas y ponerle un nombre pretencioso. Implica responsabilidades básicas que asumir.
Antes de que acabe esta semana voy a presentar al Ministerio de Salud la denuncia contra el local. Pero independientemente de eso, a la gente de Cartago y a los que pasen por Kfe-Nova, tengan mucho, pero mucho cuidado. Primero porque es evidente que el lugar se está desintegrando. Bien podría salir volando una filosa lata de zinc, hundirse el piso arrastrando varias mesas, desprenderse el cielo raso sobre sus cabezas, o arder en llamas de forma espontánea. Y segundo, porque si ocurre alguno de esos infortunios, un cretino les va a pedir que se larguen.






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