¿Y dónde está el “Observatorio”?

De este tamaño es el escándalo, que parece apenas estarse destapando. Me he quedado esperando, seguro de que en cualquier momento veríamos un campo pagado del “Observatorio Ciudadano” por la vida la y la familia, condenando de la forma más enérgica la ola de escándalos por pederastia que sacude a la Iglesia Católica. Literalmente miles de denuncias por abusos sexuales en contra de niños, y aquí: calladitos más bonitos. ¿Será que el tema no atenta “contra los valores fundamentales que defendemos los costarricenses”, de los que hablaba a principios de este mes el Observatorio en su infame campo pagado en Diario Extra?.
En Costa Rica no solo se han presentado este tipo de abusos, hay un cura condenado a prisión y supimos de un obispo que encubrió a un sacerdote prófugo de la justicia, acusado de violación. ¿Y el Obispo? Ahí sigue, en la Conferencia Episcopal, levantando el dedo acusador cada vez que puede, enfiestándose con estafadores, y dándole instrucciones a los diputados blandengues de cómo gobernar según “la moral y las buenas costumbres”.
¿Habrá algo más inmoral y detestable que abusar de un niño? Claro: abusar de 200 niños discapacitados. Ni siquiera alcanza uno a dimensionar impacto de semejante aberración. ¿Eso no es suficientemente indecente como para perseguirlo? ¿No es urgente denunciarlo a viva voz y fomentar el debate y la actitud crítica entre los costarricenses? La gente malpensada va a tener que empezar a creer que el Observatorio Ciudadano es una organización con fines políticos y politiqueros, y que les vale un cuerno las verdaderas amenazas contra la vida y la familia.
“Toda persona objetiva y bien informada sabe que el tema es más amplio y que concentrar las acusaciones solo en la Iglesia saca a las cosas de perspectiva”, dice el cardenal Federico Lombardi, como quien esquiva un balazo en cámara lenta. ¡Curiosísimo!, eso es exactamente lo que organizaciones como el Obervatorio han hecho sistemáticamente: recurrir a generalizaciones vagas para inclinar a su favor la opinión pública de los sectores menos informados.
El disimulo cómplice es tan repugnante como los abusos contra niños. Que nadie se finja sorprendido ante el silencio de los que normalmente disfrutan de levantar el dedo acusador y de tirar las piedras; están la más honda bancarrota moral. 
|+| Cronología de los escándalos de abuso, por la BBC. Cronología interactiva de El País.



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