Del cine y otros dilemas

Tuve la oportunidad de ver Del amor y otros demonios este martes en una proyección para prensa. Como comenté este lunes, llevaba encima las más altas expectativas. Luego de las casi 2 horas que dura la ópera prima de la cineasta tica Hilda Hidalgo, salí con un gusto agridulce.
Nadie puede poner en duda que la sola existencia de esta película es un logro mayúsculo para el cine de la región (Colombia incluida), pero muy especialmente para la incipiente industria costarricense. Nos han recordado el dato no pocas veces. Más de $2 millones están puestos en este largometraje, y hay que decirlo: se notan. El solo peso de su producción, y lo que va a significar para “el cine costarricense”, son ya razones suficientes para ir a los cines; para no dejar de verla.
Estamos frente a una película de impecable calidad técnica. La dirección de arte es notable, y la fotografía es de lujo, con acento en la iluminación. Se roban el show los primeros planos y predominan las tomas en interiores, con poca luz y poca gente. Salvo un par de secuencias, en pantalla nunca hay más de dos personas. La música, a cargo de Fidel Gamboa, aunque escasa en una cinta en la que se impone el silencio, es finísima.
Las actuaciones en general sacan la tarea, con un sobresaliente desempeño de los actores españoles Pablo Derqui (protagónico, Cayetano) y Jordi Daurder (secundario, Obispo) que como le oí decir a alguien luego de la proyección “los curas levantan la película”. Y es que la cinta comienza a tropezar en la figura de su protagonista Sierva María, interpretada por la actriz primeriza Eliza Triana. Con un rostro tan limpio como inexpresivo, la joven no consigue encarnar emoción alguna y su actuación transcurre la trama como un fantasma siempre iluminado, inmune al entorno, insensible, e impertérrito pese a haber caído en la más maligna desgracia.
El drama es el otro gran ausente en medio de una narración pausadísima, armada a punta de monosílabos y diálogos de una sola línea; y silencio, mucho silencio, de palabras y de ambiente. A ojos de este común cineaficionado el guión falla en la construcción dramática. Quien no haya leído la novela de García Márquez pensará que mucho de lo que ocurre en la cinta, ocurre de forma súbita, y no como consecuencia natural -¡o sobrenatural!- de hechos y acciones. Sirva como ejemplo la estrecha relación de Sierva María con los esclavos negros y su íntima apropiación de sus prácticas y costumbres. Ese detalle, absolutamente primordial para desatar el conflicto que hace que exista una historia qué contar, casi hay que adivinarlo.
Así, a diferencia de la protagonista de la novela, a la película nunca se le mete el diablo. Sin conflicto, la historia resulta casual en el más estricto sentido del término; y la ausencia de tensión hace que largas secuencias produzcan la misma congoja que da ver la llama de una vela en un ventolero. 
|+| Del amor y otros demonios se estrena este viernes 9 de abril en cines costarricenses.
|+| “Sobre Del amor y otros demonios”, en HablaCostaRica | “Del amor que vence a todos los demonios”, en JuliaArdon | “Del amor y otros demonios”, en ArtStudioMagazine





