Aumentazo: el recuento de los daños
Quién lo hubiera dicho: la papa caliente del desvergonzado autoaumento de los flamantes diputados oficialistas y sus llaveros (cristianos y libertarios), terminó siendo una flor en el ojal de la presidenta Chinchilla, que este miércoles no sólo los acorraló a enterrar el Proyecto de Ley; los dejó en absoluto ridículo.
Con la acción decidida de Chinchilla, cuyas motivaciones expresadas en una carta a los diputados comparto, proyecta una imagen de racionalidad y sensatez, que se contrapone con la de los legisladores buchones: atarantados, inoportunos, inconscientes y distraídos. La misma sensación queda para el canciller René Castro, quien desde el Ejecutivo fue el primero en patrocinar la ocurrencia de los congresistas, a pesar de todas las implicaciones que hoy quedaron más que claras. A la luz de los acontecimientos finales, su actuación resulta difícil de entender. También aterrizaron en el lodo los libertacionistas, que diga… libertarios, que se alinearon detrás del oficialismo muy a tono con las últimas decisiones de ese partido (Ver “Manual del ¡Cambio Ya!”, capítulos del 3 al 5). La fracción del PAC, por su parte, y el diputado del FA, José María Villalta, mostraron coherencia desde el principio del culebrón. A su posición se fueron sumando los diperdidos del PASE y otros menos malos. Y de poquito en poquito se derramó el vasito.
Quizá el verdadero pato de la fiesta es la Jefa de Fracción liberacionista, Viviana Martín. A la diputada de la eterna sonrisa se le cayeron todas la medallas en esta primera y desbocada empresa del presente cuatrienio legislativo. Escuchar su intervención en el Plenario la tarde del miércoles produjo lo mismo que ver a una monja sin brasier en un ventolero: la más pura congoja. Martín, como pocos de sus compañeros, queda enclenque tras la ocurrencia: quiso hacer, hacerse, hacerles, una gran gracia, y ya todos vimos como terminó el sapo. 


