Donde duerme el horror: una parodia de sí misma

El que una película de “terror” tenga la palabra “horror” en el título, debió ser suficiente augurio. Donde duerme el horror dejará a los espectadores con los pelos de punta mientras tiemblan nerviosamente al filo del asiento con las palomitas atragantadas. Pero no del susto.
Vi la película este martes, en una función para medios de comunicación. Confieso que me esforcé por llegar con la mente en blanco y la mejor disposición para ser sorprendido, pero desde los primeros minutos la producción de La Zaranda, dirigida por una dupla de directores argentinos, solo me produjo angustia…
Estamos frente a 90 minutos de cine “de terror”, en los que se comprimieron todos los lugares comunes del género. Los clichés están en todas partes: en los diálogos, en múltiples escenas, en los efectos especiales de sangre fucsia y maquillaje de halloween, y en la musicalización. Este último aspecto, el del sonido, es quizá el más amargo de todos los sinsabores que deja Donde duerme el horror. El audio está saturado de principio a fin, con segmentos en los que cada sílaba revienta los niveles; la grabación de sonido directo es catastrófica, el lipsinc pifia en no pocas ocasiones, y en otras tantas los diálogos se vuelven ininteligibles en medio del abuso de melodías “de anticipación” y excesivo protagonismo del sonido ambiente. La edición también es desconcertante, con saltos temporales más violentos que cualquier acción mostrada por la trama, y un abuso de recursos repetitivos: acostúmbrese por ejemplo al ritual nocturno que las hechiceras, es omnipresente durante toda la película.
La actuación es -en términos generales- lamentable, no sabría decir si por casting o por la imperceptible dirección de actores. Otra película con interpretación en clave teatral y performances acartonados, algo que las últimas producciones de cine local nos habían hecho creer superado.
La calidad de la fotografía salva la tanda en algunas secuencias, curiosamente varias de ellas protagonizadas por Rocío Carranza y que, según entiendo, fueron las de filmación más reciente.
La película toca el fondo del mal gusto con los cameos para un patrocinador, y una secuencia completa en la que solo faltó que el personaje recitara un slogan; un spot inserto en el filme. Un guiño directo al estilo raw de La Pensión (de la misma productora), donde cada viernes el atún y el quesocrema son los verdaderos protagonistas.
Todos estos ingredientes se mezclan en un guión caótico armado a partir de dos fábulas con argumentos nada creíbles para el contexto “costarricense” en el que se pretende colocar la cinta. El desvarío navega por amuletos traídos de medio oriente, veteranos de guerra, zombies accidentales y unas brujas más pintorescas que la del 71.
Así, resulta difícil entender qué se pretendió mostrar: ¿es una historia de ficción cercana a la fantasía, como las sagas de brujos y vampiros más contemporáneas; o un intento de terror psicológico en una historia realista? Si nos hubieran dicho que Donde duerme el horror es una suerte de tributo al cine de culto clase B de los 50s, todo tendría sentido. Cine bizarro que bien se podría hacer pasar por una pieza contemporánea de estética kitsch. Pero sin querer. 
|+| Donde duerme el horror se estrena este viernes en cines nacionales. No me atrevería a pronosticar cómo va a reaccionar el público tico. Apenas la vea, ¡no dude en compartirnos su opinión!





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