La pasión de San Casimiro

Está cada día más claro: al obispo Ángel San Casimiro nada le gusta más que el chorizo. Pero no vaya a pensar mal, por supuesto que me refiero al chorizo riojano, originario de la tierra natal del cura. Es cuando no está metiéndole el diente a los fiambres, con una copa de un Rioja gran reserva, que al prelado le da por jugar gran banco.
Ayer, La Nación reveló que en 2003 la Iglesia Católica le prestó $6.2millones (casi ¢3.500millones) al empresario Calixto Cháves. No es que sea sopresa, ya existe una investigación judicial contra los obispos católicos por un caso de presunta intermediación financiera ilegal destapado por el mismo periódico en 2008.
En este nuevo caso, según La Nación, San Casimiro era acreedor de una empresa de Cháves, por la suma de $290mil (unos ¢160millones). En la entrevista publicada este domingo, el obispo asegura que se trató de una inversión, no un préstamo, y acepta que al menos $76mil correspondían a fondos personales suyos. El periodista Ernesto Rivera cuestiona a San Casimiro: la orden de Los Recoletos, a la que pertenece el obispo, le impone voto de pobreza. El cura asegura que abandonó la orden en 1995, sin embargo en el sitio oficial de la organización aparece como miembro activo, y todos sus datos están actualizados. ¿Una mentirilla piadosa?
El obispo le asegura al diario que los $76mil los ahorró entre 1995 y 2003. Casi $10mil de ahorritos por año, ¡y es apenas el monto que conocemos! ¡A eso se le llama una vida de austeridad, humildad y recogimiento!
Pero ¿realmente empezó a ahorrar el obispo en 1995, cuando supuestamente dejó la orden que le imponía el voto de pobreza? ¿Es nuevo San Casimiro en esto de los préstamos, matráfulas y triquiñuelas? ¡Que va! Recordemos…
En octubre de 2008, poco después del arresto en San Carlos del presunto estafador y prófugo de la justicia española Pedro Urrutia, La Nación supo que Ángel San Casimiro medió ante las autoridades de migración para que le concedieran la residencia a “su amigo”. A Urrutia lo requerían en su natal España porque habría estafado a un grupo de empresarios por un monto de 18millones de euros. Él y el obispo se habían conocido apenas un año antes (2007), en una carne asada. En 12 meses ya eran íntimos, tanto así, que solo una semana después de arrestado Urrutia, se supo que el prófugo le había otorgado al obispo un poder generalísimo sobre sus bienes, cuentas bancarias, etc. Cuestionado, San Casimiro aseguró que desconocía los antecedentes de Urrutia y dijo no tener ningún vínculo legal con él. Pero solo 2 días más tarde, el periódico Al Día reveló que San Casimiro le había prestado un total de $165mil a Urrutia… Diay, ¿Otras cuantas mentirillas piadosas?
Curiosamente, entonces San Casimiro le aseguró a Al Día que esa suma correspondía a sus ahorros “de toda una vida”… ¡Pero este domingo dijo que está ahorrando recién desde 1995! Tal es la danza de millones, que en el caso del préstamo a la empresa de Calixto Cháves, ni San Casimiro ni el obispo Jose Francisco Ulloa “recuerdan” si la plata fue, si vino, si volvió. “Usted tiene que darme tiempito para reconstruir eso”, dice Ulloa. ¿Cuánto dinero hay que mover, para no “recordar” el destino de tres mil quinientos millones de colones?
Por si tiene tiempo -e hígado- para recordar aún más, no olvide que Ángel San Casimiro es el mismo obispo que en 2004 reconoció haber ocultado de las autoridades judiciales costarricenses, el paradero del cura prófugo Enrique Vásquez, acusado aquí de varias supuestas violaciones. El obispo también admitió haber pagado la estadía del prófugo en un centro “de rehabilitación” en México. “Cuando la fiscal me manda las dos cartas le respondo que no sé dónde está, nunca dice que cuando sepa dónde está avíseme”, se dejó decir el obispo sin el menor reparo en aquel entonces.
Dos ideas para el acto de contricción: Primero. Está claro que cuando las ovejas están domadas, los pastores hacen fiesta. Ya lo dijo con profundidad y sabiduría el finado Román Arrieta: “!Qué viva la pepa!”, y lo escribió con fe Santa Teresa de Ávila: “todo se pasa, todo se pasa”.
Y segundo. Con un ángel así, ¿para qué demonios? 




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