Secuestrar a un cliente
Ayer cerré mi cuenta en hosting24.com. Sus reglas de cargo automático de fees, y el hecho de que el trámite para cancelar ese rebill sea casi críptico, fueron las razones. Estoy harto de las empresas que retienen a sus clientes en la fiesta trabando la puerta, en lugar de ofrecer ricas bocas y fina atención.
“Lamentamos que cierre su cuenta, nos gustaría conocer las razones o si hay algo en lo que podamos ayudarle para revertir su decisión”, me dice un tipo en el chat del help desk. “La cierro por lo complicado que es cerrarla”, le digo. “Pero en este momento la estaría cerrando sin mayor problema”, me rebate. “Claro, pero el problema fue encontrar cómo cerrarla. Debió ser simple, debió estar a la mano, debió ser siempre una opción”, le explico. “¿Quiere decir que si fuera más fácil cerrar su cuenta, usted no la estaría cerrando?”, me pregunta. “¡Eso mismo!”, le explico. “Lamentablemente este miserable cliente se ha malacostumbrado a la transparencia”. 



