Steven Seagal nos dejó chingos

En la más lamentable evidencia. El circo en torno a la segunda venida del desmejorado actor al vergel de aromas y flores, no tiene nombre. Es por mucho el episodio más patético que hemos atestiguado en meses, si no años. El más vergonzoso ejemplo de lo pequeñiticos que somos, y de cómo cualquier pelmazo les ve la cara de idiotas a nuestras autoridades de gobierno. Pero no tan rápido: que esto no ha terminado. Esta historia dura de matar no hace más que pudrirse minuto a minuto. El último patriota sigue en Ticolandia y henos aquí mentándolo.
La noticia de que el Director del OIJ, Jorge Rojas, estaba condecorando a Steven Seagal no tomó a todos desprevenidos. En sí mismo el acontecimiento era ya absolutamente circense: la máxima autoridad de nuestro Organismo de Investigación Judicial condecorando sin mérito alguno a un actor en decadencia, que aún en sus mejores tiempos fue un actor en decadencia.
Poco a poco se nos reveló la trama digna del más delirante guionista de Venevisión: Seagal aterrizó en el país presentado como un “experto en seguridad” para “asesorar” a nuestras autoridades con sus propuestas de artes marciales y otras yerbas. ¿Pero quién es capaz de tanta insensatez? ¿Quién es capaz de meter la pata y poner en aprietos a un gobierno completo, y de paso dejarlo en absoluto ridículo? ¡No contaban con su astucia! El monaguillo de Heredia, exdiputado de sangre azul, reconocido y laureado autor epistolar, y vocalista de los Salsoneros de Oxford: Fernando, el principito, Sánchez. ¡Como él no hay dos, no hay dos!
Mientras tanto la celebridá internacional también visitó en camisón al canciller René Castro y al ministro de Seguridad, José María Tijerino. La presidenta Chinchilla como que la vio venir y se quitó el tiro en el minuto 90. Instantes más tarde llegaba la alerta: el actor, recién apapachado por nuestras autoridades judiciales y del ejecutivo, enfrenta una denuncia “por acoso sexual y tráfico ilegal de mujeres” en California. ¡Ve qué pura vida! Entonces, como lo cuestionaron y le preguntaron por sus andanzas verdes (y no precisamente por ecológicas), el pequeño gran moviestar se resintió, hizo berrinche, llamó a un abogado que le sirviera de nana, y anunció que se iba del país y se llevaba la bola. Pero es como perder a un gato. Ahí anda dando vueltas seguido por un tropel de reporteros que nos alertan de cada pedo que se tira.
Para terminar de armar esta fábula vergonzante, hoy La Nación informa que el Director de Tránsito de la Región Central autorizó una escolta para que la celebridá circulara rauda por las arterias capitalinas, como si fuera Hillary, Luis Inacio, Kristina, Nicolás o Felipe. El funcionario dice que recibió una llamada de un número privado, que le dijeron que era de parte de la Cancillería, que a él le pareció bien… y procedió. Un cierre de fantasía, como el resto de esta historia, más jalada del pelo que cantar salsa en Oxfordshire. 





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