El periodista, exsacerdote, exdiputado, exembajador, (etc), Javier Solís, me autorizó a reproducir este texto, originalmente publicado esta semana en su blog Provocaciones. Imperdible:

Pues resulta que mi ingenuidad de creer que todo el clero costarricense iba a apoyar la constitución de la Primera República Católica del mundo resultó ser eso, una ingenuidad. No hay tal. Un respetable número de sacerdotes me ha llamado por teléfono o me ha enviado correos, entre compungidos, lacrimosos y enojados, para decirme que no cuente con ellos. Unos porque adhieren a la doctrina oficial de la Iglesia de la separación entre la Iglesia y el estado y el laicismo y otros porque, sin importar la doctrina, consideran que eso de aplicar el Evangelio e incluso el Código de Derecho Canónico no les favorece.
En estas comunicaciones una cosa me quedó clara: va a ser muy difícil construir la Primera República Católica con una Iglesia dividida y sumida en una crisis sin precedentes. Estos sacerdotes no hacen más que reflejar dicha crisis. Ellos mismos no saben qué va a ser de ellos. Oscilan entre el amor a la institución que los llevó hasta Jesucristo y la aceptación y denuncia de las desviaciones de la Iglesia. La consideran injustamente atacada y perseguida, sin detenerse ni un minuto a considerar si habrá hecho algo mal o habrá dado algún pie a esas críticas enconadas. No se atreven a levantar la voz. Ignoran el dato más serio, por mucho que lo nieguen, de que los medios, prensa escrita, radio y televisión, están al servicio del dinero, no de la verdad. Me enrostran mi lenguaje recio. Recio, por duro e irreverente. Así llamó Teresa de Ávila el tiempo de la Inquisición, que la perseguía.
Alguno me confió que publicaciones y actividades de pastoral social no precisamente favorables a los poderes políticos y económicos o la vida personal de algún obispo y de no pocos sacerdotes han sido objeto de investigación por parte de medios de información, con el objetivo de documentar irregularidades materiales o morales, que sirvieran de arma de disuasión.
Los sacerdotes se muestran siempre a la defensiva. No saben si no avergonzarse de su fe es lo mismo que no tener de qué limpiar la institución y, menos aún, en público. En todo caso, no podemos contar con ellos. Veremos cómo se libran de ser cómplices -qui tacet consentire videtur-; o de correr los riesgos del Evangelio. En nuestra República ocuparán un lugar de privilegio de todos modos. Porque nuestra República será católica y clerical. Gobernarán y harán las leyes.
La República Católica tiene que arrancar a pesar de las resistencias clericales. Les dije que si esperaban que la jerarquía eclesiástica, especialmente la Curia Romana, fuera transparente algún día, esperarían por toda la eternidad. Hace sólo dos semanas la policía judicial belga tuvo que allanar el Arzobispado y los locales de la Conferencia Episcopal belgas, interrogar al anterior Cardenal de Bruselas y a los oficiales de una comisión episcopal de investigación de la pedofilia entre el clero, porque los obispos seguían ocultando información a las autoridades judiciales. El ocultamiento de los delitos cometidos en el seno de la cleresía sigue siendo la norma eclesiástica. Nadie se ha creído la proclama de tolerancia cero hecha desde Roma.
Igual ha pasado en las barbas mismas del Vaticano en el caso del Cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, a quien la judicatura perugiense investiga por tráfico de influencias y transferencia de propiedades muy valiosas del Vaticano a allegados del Primer Ministro Berlusconi, a cambio de favores y dineros ilegales. Corrupción en línea directa.
Por eso, las multimillonarios inversiones de la Conferencia Episcopal en Sama y otras financieras panameñas serán bienvenidas en nuestra República. No importa que mientan los obispos cuando declaran que no estaban informados de las irregularidades, aunque recibieran informes contables en cada sesión. No importa que le echen la culpa a su administrador muerto. No importa que pongan a devotas y sencillas secretarias como testaferros de inversiones de centenares de millones. No importa que digan que son sus ahorros personales o que son los de una religiosa que los recibió en herencia. Esos son deslices de novatos. También el Banco Vaticano perdió 2.000 millones de dólares en la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano. Les pondremos asesores bien entrenados en Roma para que sean discretos y eficientes. Nuestra República será seria y modosa. En nuestra República Mamón tendrá su lugar y a Dios lo adecuaremos a nuestra gestión.
Y por si alguien esperaba otra cosa, Benedicto XVI ha nombrado como Delegado Pontificio ante la comunidad de Legionarios de Cristo a un arzobispo banquero y jurista, no a un maestro místico. Los inmensos bienes en títulos, propiedades, instituciones educativas y universitarias y, sobre todo, la clientela de devotos millonarios, tartufos y poderosos es muy apetecible. Nunca leeremos una condena oficial de las aberraciones del padre Marcial Maciel, el protegido de Juan Pablo II. A mis amigos informantes les mandé los enlaces que he puesto aquí, por si tienen curiosidad de enterarse de las manifestaciones de la crisis.
Como no saben dónde están parados institucionalmente, mis queridos y reverendos amigos, entre lágrimas y reclamos, pidiéndome siempre el anonimato, han compartido conmigo informaciones muy valiosas para nuestro proyecto de Primera República Católica.
Para comenzar, les parece que efectivamente, la jerarquía eclesiástica, apoyada por el Vaticano, casi unánimente está a favor del referéndum contra los derechos de los homosexuales. Su teología dice que son unos pecadores degenerados que tienen las llamas del infierno aseguradas por toda la eternidad. En ese capítulo vamos bien. No creemos que la Sala Constitucional se salga del canasto.
Sobre las mujeres también parece haber consenso: mientras no quieran superar su condición subalterna de servidora, paridora, trabajadora doméstica o amante discreta, no habrá ningún problema. Los derechos que le puede reconocer el nuevo código civil deben partir de esas categorías. Esa sujeción ha de pasar por la eliminación del divorcio. En todo caso, se podría restaurar la figura jurídica del repudio por iniciativa del varón, vigente en todo el Antiguo Testamento. La sentencia de excomunión para cualquier obispo que ordene como sacerdote a una mujer está por ser promulgado en un ”Motu Proprio” de Benedicto XVI. Dicha norma ha de constar en el nuevo código civil.
El capítulo del divorcio, me dijeron mis reverendos interlocutores, es el que más ha levantado roncha entre los devotos. Resulta que entre la gente de misa y amiga de las sotanas hay muchos divorciados y recasados. Esta situación llega hasta la jefatura del estado. Los inquieta que la Presidenta de la República, haya sido declarada “Hija Predilecta” de la Virgen de los Ángeles por el obispo de Cartago, Francisco Ulloa. Pero igual se quedarán callados. Muchos de ellos simplemente no están de acuerdo con la República Católica porque entre los devotos hay, a montones, ministros, magistrados, jueces, diputados y diputadas, banqueros, empresarios y “cortesanas” del siglo 21. Prefiren que no haya República Católica que perder el apoyo, las donaciones y el protagonismo que dan los devotos adinerados y poderosos. ¿A dónde irían a echar agua bendita?
Ahora resulta, pues, que los enemigos del proyecto de Primera República Católica no son los laicistas, sino los católicos tradicionalistas y retrógrados, que de la Iglesia no quieren la integralidad del Evangelio, sino las conveniencias y ventajas ocasionales, siempre que les favorezcan. Un Dios a su medida.
Y aquí llegamos al capítulo del nuevo embajador costarricense ante la Santa Sede, don Fernando Sánchez. No pasaría el nivel de chisme morboso, si no fuera porque representa una fuerte competencia para nuestro proyecto. Hubo recelos y oposición al nombramiento en ciertos círculos clericales, me dijeron. Muchos sacerdotes, más de lo que parece, condenan efectivamente las mentiras, los métodos inmorales, el soborno de conciencias y las amenazas suscritas por Sánchez en el famoso memorándum sobre el TLC.
Pero, aunque la Secretaría de Estado del Vaticano nunca se rebajaría a consultar a los obispos locales antes de dar el beneplácito, aquí entra en juego una realidad de la vida de la Iglesia que se llama “carrerismo”. El carrerismo, “far carriera”, dicen en Roma, es la búsqueda obsesiva de dignidades dentro de la Iglesia, que condicionan la actuación de muchos de sus ministros. Quieren ascender en la jerarquía. Es un mal eterno y hoy parece mayor que nunca, debido a la concentración de la autoridad en la curia del Papa, con detrimento de las iglesias locales. A veces se da por simple fatuidad de ponerse un floripondio morado, una faja de moiré o estar en determinado lugar de precedencia. El que es coadjutor quiere ser párroco; el que es párroco rural, quiere una parroquia urbana; el que está en una parroquia pobre quiere una rica; el que es sacerdote quiere ser canónigo u obispo; y así sucesivamente arzobispo, cardenal o papa.
Pues aquí se junta el hambre con las ganas de comer. Uno que quiere ser presidente y lavarse con agua bendita y otro que quiere dejar los calores del Atlántico para ser arzobispo de San José. No son simples fantasías de mis amigos sacerdotes que me lo comentaron. Son procesos que se dan todos los días en la Iglesia. El Arzobispo Barrantes llega a su edad obligatoria de jubilación dentro de dos años. Los obispos de Alajuela y Cartago, a los que se les salen las ganas del arzobispado por los poros, los ojos y la boca, creen quizá ingenuamente mis amigos, han quedado descartados por la torpe administración financiera del patrimonio eclesiástico. Un arzobispo joven, totalmente leal con el sistema, amigo de los patronos y enemigo de los trabajadores, sin riesgos doctrinales de ninguna especie, es algo que hay que cultivar. Eso va a ser, a juicio de mis confidentes, Fernando Sánchez al Vaticano. Eso explica las frecuentes visitas de Sánchez a la casa episcopal de Limón, donde Monseñor José Rafael Quirós. Algún cura más osado lo calificó de capellán particular de Sánchez. Muy significativo que el Opus Dei, esa congregación religiosa amiga sólo de los ricos, haya invitado ya desde 2008 al aniversario de su santo fundador al obispo Quirós y no al arzobispo Barrantes.
Otra cosa es que a Sánchez le presten atención. Ser embajador de Costa Rica en sedes tan aristocráticas y formales como el Vaticano o Madrid requiere de mucho realismo porque nadie le da uno la menor importancia. Embajador de un pequeño y pobre país tropical. Una “extravaganza”, no muy lejana de un carnaval. De hecho, lo único que hacen los embajadores ante la Santa Sede es ir de comparsa, perdón, corte del Papa, vestidos de chaqué y pecho almidonado, en los liturgias solemnes. Para la transmisión de órdenes a los obispos está el Nuncio local.
Pero no hay que olvidar que la Curia Romana es el nido de intrigas, rumores, tráfico de influencias y circulación de dinero, probablemente más anacrónico y activo del mundo. Lean, por favor, esta descripción de la vida vaticana de Miguel Mora, periodista de El País de España de fecha domingo 11 de julio. Allí encajará bien don Fernando Sánchez, convencido de volver como sucesor de don Rodrigo Arias. Ese es un grave obstáculo y competencia para la Primera República Católica. A ésta se opone el régimen de sucesión dinástica de la presidencia. Para ese momento lo mejor será buscar un buen cura, que los hay, para que Dios nos coja confesados. 
